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No hay peor modelo que un modelo inflacionario. No hay nada peor que sentirse indignado toda vez que uno va a un mercado y ve como día a día los precios aumentan.
Nada peor que mirar y hacer las cuentas a cada rato en los hogares para ver como se reasignan los cada vez más bajos ingresos reales. Nada peor que estar esperando que el sindicato logre una nueva pauta salarial que es apreciada y presentada como un logro, cuando aún ni siquiera percibida en el recibo de sueldo, ya no alcanza para cubrir el reacomodamiento de precios.
Este deterioro agitado, doloroso, y remitente a un presente continuo y sin perspectivas de horizontes y planificación a futuro, corroe las ilusiones de las familias que no tienen otra que acomodarse a una convivencia con un adversario poderoso y del cual no pueden escaparse.
Convivir con inflación permanente y cercana al 20% anual con las historia sobre nuestras espaldas que nos recuerdan otros episodios, ni siquiera nos acomoda racionalmente a estos nuevos valores. En estos valores, el fantasma de la inflación por expectativas vuelve a estar entre nosotros.
Los especuladores esperan agazapados esperando el momento de mayor tensión que sabe que se producirá en algún momento, y así quedarse con una porción mayor de riqueza alcanzada, no por decisiones de mayor productividad del trabajo, de mayor valor agregado generado, sino exclusivamente por acertar a colocar precios mayores a los que realmente debería haber.
Lo pagarán una vez más los consumidores locales, los asalariados, los empleados estatales, los servicios no personales de baja escala, los autoempleados, los pequeños productores.
Los síntomas de este momento que se viene ya están en la cabeza de todos. Las consecuencias pueden solo evitarse si se modifican rápidamente las pautas de la política económica y se considera al combate a la inflación como prioritario por parte del Gobierno Nacional. No habrá tiempo de decisiones racionales si se producen desbordes. El tiempo de tomar correcciones es éste.
Peores aún serán las consecuencias políticas de ingresar en una espiral inflacionaria mayor. Al deterioro económico se le sumarán mayores contradicciones políticas, probablemente anómicas y llevandose a varios dirigentes puestos.
No se construye nada bueno desde la inflación. Cuánto peor estén las cosas, peor será la construcción de alternativas democráticas que mejoren la institucionalidad.
Espero que esta sensación de desaliento que generan estas líneas no se cumplan y que la política económica logre la receta de como seguir creciendo combatiendo la inflación y desactivando expectativas negativas.



