Siempre dijimos que Campana no tenía las características delictivas de otros distritos que tienen históricamente un perfil mucho más preocupante.
Esto indica que aún mantenemos índices de delincuencia sustancialmente más bajos pero la realidad actual nos ha superado.
Desde los delitos más simples a los más complejos forman parte de un panorama cotidiano bastante preocupante.
Siempre que ocurre un hecho, simple o grave, lo primero que pensamos y decimos es que la policía no actúa o es lenta o ineficiente.
Cierto es que cuando el delito golpea a nuestra puerta pasamos de una actitud pasiva a otra totalmente activa y reclamante, pues ahora somos nosotros los protagonistas, los afectados.
Es allí el justo momento en que asumimos que existe una realidad que en algún momento, en mayor o en menor grado nos afecta a todos.
En ese sentido, no solamente la policía y la justicia deben actuar con la mayor celeridad y eficacia posible sino que también el conjunto social debe estar alerta y adoptar un rol de ciudadanos activos frente al delito.
Esta interacción entre los actores privados y públicos darán como resultante un considerable control sobre esta problemática.
Esta política criminal de prevención y coerción que se aplica en muchos países del mundo parece ser la apropiada para contrarrestar este flagelo que no es solamente patrimonio de los argentinos.
De ningún modo esto significa tirar la pelota afuera ni que los órganos oficiales encargados, según la dispone la Constitución Nacional, de brindarnos seguridad y justicia dejen de hacer lo suyo y en todo caso redoblar los esfuerzos ante esta situación crítica, por el contrario, se trata de contribuir desde lo social en optimizar los recursos con los que contamos y con un poco de ingenio y creatividad, que todos tenemos, hacerlos más efectivos. Es cierto que en muchos casos, por desconocimiento, la ciudadanía no sabe cuales son los primeros pasos que debe dar para una pronta respuesta a un conflicto sea este, simple o grave, individual o colectivo. En otros casos existe el conocimiento de como proceder pero, puede más el miedo por ejemplo, de denunciar, en todo caso, tanto la víctima como el imputado atraviesan un período de crisis en los tramos iniciales del proceso penal que si no son asistidos oportunamente, los resultados finales pueden ser significativamente negativos y nefastos.
En este sentido tanto la policía como el ministerio público hace implementado los llamados centros de asistencia a la víctima que junto a un equipo de psicólogos y asistentes sociales cumplen en contener a la víctima.
El imputado no corre la misma suerte, ya que salvo raras excepciones, el servicio penitenciario, con sus cárceles hacinadas no puede dar debida atención a los procesados o penados por los escasos recursos humanos y económicos, lo que se traduce en graves situaciones de convivencia intercarcelaria y en altos índices de reincidencias.
Así las cosas debemos comprometernos con nuestra propia seguridad, colaborando con los agentes de seguridad y los administradores de justicia poniendo en su conocimiento nuestros conflictos e inquietudes.
Para ello estos institutos están produciendo una descentralización muy importante creando oficinas que permiten una participación comunitaria significativa y logran un acercamiento de la justicia a la gente que tanto espera de ella.
Hasta la próxima.
* Presidente del Círculo de Periodistas de Campana (CIPECA).



