Guillermo nos mandó este cuento de Gustavo Roldán. Es muy poético y por eso hoy lo compartimos:
"Nadie sabe de tesoros perdidos como un dragón. Tesoros de esos escondidos en profundas cuevas en la montaña, o enterrados en islas desiertas bajo el árbol que da las flores que lloran. O en el fondo del mar, cubiertos de corales rojos, o en esas profundidades donde los peces son ciegos y el mundo es una absurda negrura.
Nadie sabe de tesoros como un dragón, aunque nunca quedó claro si lo adivina, y efectivamente donde busca está escondido un tesoro, o si el tesoro comienza a existir cuando un dragón dice- " allí hay un tesoro".
Pero eso no le importa a ningún dragón. Lo que le importa es encontrar enormes tesoros de perlas y piedras preciosas de todos los colores, de esas que alumbran en la oscuridad.
Vuela a lo más alto de la montaña, hasta los picos inaccesibles, y penetra bajo los hielos que existen desde siempre y donde se esconden cuevas secretas, o algún lugar más oscuro del mar, y regresa con inmensas cantidades de piedras preciosas que hacen que la noche se ilumine con luces y reflejos de colores.
Entonces desparrama las piedras ante los ojos asombrados de una dragona que se enamora a más no poder en medio de las luces que brillan.
Y juegan. Y se aman. Y bailan el baile de las sombras durante un día y otro día y otro día.
Cuando se cansan de jugar tiran las piedras, una por una, en lo más profundo del río, donde es más poderosa la corriente, para que el río las lleve hasta algún lugar secreto donde vuelvan a convertirse en un tesoro perdido.
Muchos se preguntan por qué tiran las piedras preciosas. Los que se preguntan no entendieron ni van a entender nunca a los dragones. No entendieron que lo divertido es buscar el tesoro.
Tiran las piedras de colores para que otro dragón, alguna vez, vuelva a jugar a encontrar un tesoro. Y después pueda bailar el baile de las sombras. "
Lic. Patricia Katz. - Lic. Sebastián Terrizzano.
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