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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 25/may/2008 de La Auténtica Defensa.

Una publicación del Ministerio de Educación de la Nación da cuenta de la delicada situación de la Escuela de Las Praderas
El informe da cuenta de los problemas ambientales y estructurales que padece esta escuela.






 Un grupo de chicos de la escuela de Las Praderas, en una de las fotos de la publicación.

La publicación "El Monitor", revista que edita el Ministerio de Educación de la Nación, da cuenta en un informe -que integra la edición nº 16 de la misma- de la delicada situación ambiental que vive la Escuela Nº 18, del barrio Las Praderas.

A continuación transcribimos parte de la nota firmada por la periodista Judith Gociol:

"Les queremos pedir, por favor, que el camión recolector pase por todo el barrio para que la basura que no levantan no siga contaminando el medio ambiente, quitándonos así el derecho a un ambiente sano. Antes de terminar esta carta queremos decirles que el camión recolector recorre 25 cuadras de un barrio que tiene 264. Muchas gracias, esperamos que la reciban, la lean y que entiendan lo que pasa". Así escribieron los chicos de 2º grado en una nota dirigida al gerente de la empresa que recoge los desechos.

Como parte de las actividades promovidas desde la Biblioteca, esos mismos alumnos colocaron carteles que instaban a no tirar basura en cada uno de los huecos repletos de desperdicios domésticos, incrementados por los camiones que permanentemente arrojan residuos de manera clandestina.

El proyecto de la Biblioteca Ecológica comenzó a desarrollarse en paralelo a los cortes de ruta contra la pastera en Gualeguaychú y retomó las premisas de la "ecosofía" del psicoanalista y pensador francés Félix Guattari, integrada por tres ecologías: una ecología de las relaciones sociales, otra de la relación con el ambiente, y "una ecología de la subjetividad que consistirá en desarrollar prácticas específicas que tiendan a modificar y a reinventar las formas de ser en todos los territorios existenciales constituidos".

Las Praderas se formó en tierras ocupadas de hecho al borde de la Panamericana, por familias que en su mayoría están -todavía hoy- por debajo de la línea de pobreza. El barrio fue reubicado por las autoridades lejos de la visibilidad de la ruta, por el callejón, como le dicen a ese kilómetro tierra adentro que ahora es atravesado por un remise: "Es una zona brava", comenta el chofer mientras se acerca a la única escuela pública que hay en por lo menos 20 kilómetros.

La población del barrio subsiste a través de planes sociales; los hombres se las rebuscan con changas, y las mujeres como empleadas domésticas en el country El bosque, que tienen enfrente y que marca un límite mucho más profundo que la Panamericana.

Seguridad

Marcel Bertolesi recorre a pie el callejón desde el 21 de septiembre de 2005, cuando esa escuela, en funcionamiento desde 1970, inauguró -al fin- un espacio para libros. Por entonces, los alumnos de 6º grado no sabían definir qué era una biblioteca ni para qué servía. Hoy han logrado, junto con el bibliotecario, realizar unas encuestas para relevar la situación medioambiental que atraviesan las familias de la zona.

Según sostiene Bertolesi, la finalidad y el sentido de una biblioteca no deben pensarse a partir de una clasificación abstracta -si es escolar, si es pública- sino que deben responder a la situación concreta en la que se halla inserta. Una biblioteca puede promover la autoconfianza de la comunidad, brindarle elementos informativos y expresivos para que la gente pueda ir resolviendo su situación. No se trata de esperar a que el usuario, real o potencial, haga su demanda de información sino que la biblioteca salga a proporcionársela".

Al principio, los vecinos de Las Praderas se habían movilizado en defensa de su espacio, pero luego ese empuje fue desplazado por otras urgencias y por la efectiva disuasión de los punteros políticos que utilizaban los planes sociales como prenda de cambio. "Entre los vecinos hay conciencia del daño a sus vidas, pero no hay conciencia de la lucha que hay que dar para remediarlo", sintetiza Marta Querejeta, directora de la primaria. La encrucijada no es menor.

Pis de gato

Y el olor no nos deja respirar,/ no nos deja estudiar,/ni siquiera ir a jugar/Yo sé que hay un olor.

Así dice la letra de la canción que los chicos de 4º grado B escribieron y cantaron con ritmo de murga en la fiesta de fin de año escolar.

En Las Praderas el aire huele a pis de gato. Es el hedor, intenso y persistente, que tomó el ambiente desde que se instaló "la química" -como le dicen en la zona- a la empresa Landnort, que tiene 52 hectáreas destinadas al tratamiento y disposición final de residuos industriales que recibe de toda la Provincia de Buenos Aires.

Juan Pablo Delgado González tiene 15 años y, parado cerca de uno de los estantes de la Biblioteca, cuenta que su papá trabajaba en Mantenimiento en la empresa y que, según lo que él veía, los desechos se echaban a la tierra sin tratamiento, datos que también confirman muchas de las denuncias realizadas.

Advertimos a las autoridades en respectivas reuniones, luego de estudiar los niveles topográficos de la zona, que el agua de lluvia que cae sobre los terrenos de Landnort y que arrastran sólidos contaminados o los disuelve, termina en la laguna de Otamendi -señalaron los vecinos- y que tarde o temprano generaría una catástrofe ecológica, siendo dicha reserva un santuario de la vida silvestre de la comunidad de Campana.

Los chicos de 3º grado B leyeron este artículo publicado en el diario local La Auténtica Defensa y también el cuento "Amalia, Amelia y Emilia" de Alfredo Gómez Cerdá, en el que tres brujas amigas, a las que les encanta pasear por el bosque, intentan detener la intención de la Junta Municipal de talar los árboles para construir chalets.

En la causa judicial iniciada en 2003, como pruebas de la contaminación, la escuela aportó certificados que traen frecuentemente los alumnos y donde los médicos hacen constar enfermedades respiratorias, dermatológicas y gastrointestinales. "En los papeles dice impétigo o escabiosis (que es una sarnilla) -explica la directora-. Es lo rutinario, los chicos se rascan y se acostumbran. En una oportunidad contamos que sobre treinta estudiantes de un quinto grado, diez estaban enfermos".

"Una vez el olor a pis de gato llegó a Zárate, que está a unos veinte kilómetros", confirma el remisero mientras pasa por uno de los costados del predio de la empresa. En cuanto el fotógrafo que viaja en el auto intenta tomar alguna imagen, unos hombres se acercan; uno le grita al otro: "Anotá el número de patente".

La materialidad de un sueño

Plantas como la de Landnort no pueden instalarse en zonas habitadas, por lo que -según parece- cuando la empresa presentó el proyecto, omitió señalar esas tierras en donde viven unas 2000 personas sin instalaciones adecuadas.

Al lado de la escuela hay un tanque que provee de agua a algunas manzanas, el resto la recibe en tachos -muchos de los cuales quedan al aire libre- cargados por un camión cisterna que recorre las calles. Los estudios que realizó la Municipalidad, con muestras de agua tomadas en la escuela, comenzaron a dar resultados cada vez peores a partir de 2004. Las conclusiones iban desde que el líquido contenía "el límite de nitratos aceptados para que el agua sea potable (aunque no apta para lactantes)" a superar esa barrera y, directamente, "No estar apta para el consumo humano", dado que los análisis bacteriológicos alertaban acerca de la presencia de materia fecal. Según denuncia la directora del colegio, cuando los reclamos se incrementaron, los resultados empezaron a mejorar, hasta que en 2006 dejaron de hacerse y desde entonces nadie sabe en qué condiciones está el agua que utilizan a diario.

La escuela no escapa a la precariedad material de la zona. Le falta -entre otras muchas cosas- un pedazo de alambre perimetral que fue robado, y por allí entran algunos caballos y pasean por el lugar donde están los cimientos "de un sueño", como coinciden en decir la directora y el bibliotecario.

Al principio, la Biblioteca funcionó en un aula, pero después ese lugar se necesitó para dar clases y unos mil volúmenes fueron mudados (en la escuela anhelan que sea en forma provisoria) a lo que en algún momento fueron los antebaños, donde están en la actualidad.

El sueño es que allí, donde alguna vez se iban a construir nuevos baños que nunca se hicieron, se monte un espacio idóneo para una biblioteca. Que los chicos salgan al recreo y allí nomás se topen con los libros. La idea es construirla con criterio de arquitectura ambiental, que contemple formas ecológicas de calefacción y tratamiento de los residuos, entre otras variables. Afortunadamente, en tanto, los sentidos de la Biblioteca Escolar Ecológica son mucho más sólidos que su materialidad.


 
P U B L I C I D A D






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