Santa Fe, ha sido y es el Edén de la poesía argentina. Alfonsina Storni, Juan L. Ortiz, José Pedroni, César Bisso, Arturo Fruttero, Hugo Padeletti, Aldo Oliva, Hugo Gola -entre otros-; han vivido bajo sus límpidos cielos, en los remansos del río Paraná; abrevando los temas de sus versos. En una de sus localidades figura Coronda. La ciudad, célebre por sus quintas de frutillas, es además un importante centro balneario, donde durante los calurosos veranos, cientos de personas eligen refrescarse en sus costas. Fue en este pequeño oasis, rodeado de arroyos, arena y montes donde floreció una de las voces más singulares de la poesía argentina; María Paula Alzugaray (Rosario, 1974).
El alma de una región, sus soles, brisas, aromas y sabores han dejado hondas huellas en el espíritu de la poeta. "Los nudos del viento/ descarozan el silencio/ Y perdemos cada instante/ al abrir los ojos". Pocas veces la geografía del litoral ha arraigado tan íntimamente una forma de poetizar. En la poesía de Alzugaray, no hay versos impostados. Discreta, sin estridencias, su lírica es producto de un encomiable cuidado; alcanzando la transparencia. "(…)¿Qué luz viene de ti que me enceguece?/ Sereno e iluminado/ recojo de tus manos la eternidad/ como un pájaro/ que se abandona dentro del cielo". Rehuye del decorativismo aspirando a un sutil despojamiento. De este modo, con parquedad, forja una serie de imágenes que se ahondan y perduran en la memoria del lector.
Su obra inédita no es característica a la época. Si bien pertenece cronológicamente a la denominada "generación del ´90", su poética enigmática y levemente críptica, se ensimisma en un refrescante enigma. A diferencia de sus colegas, Alzugaray prescinde de los clichés y estereotipos del lenguaje. La ternura y el misterio se divisan en admirables odas, como acontece con Fiesta simple: "Para apagar la siesta/ un cuerpo flaquito de cabello cardado/ sale a buscar un astro aborigen (o zapallo)/ lo hierve y revuelve.// A toda prisa, por la mesa central/ enero llega naranja/ con pulseras de semillas escogidas y dulce.// Es una ida de fiesta simple que tienen en Coronda.// Se animan a la plenitud/ les diría". Su construcción formal presenta un singular equilibrio expresivo y rítmico. Sin duda, se trata de un poema que procura momentos de sencilla perfección. La mesura y serenidad dan a sus versos un tono clásico. Una expresión que fluye por las vías del tono menor.
Es oportuno mencionar, que además de ser una de las poetas santafesinas de mayor renombre en su provincia, desarrolla una notoria labor como editora y gestora cultural, coordinadora de talleres, antologías y demás emprendimientos. Actualmente, entre sus actividades dirige la revista literaria BOGA, publicación medular del Estado rosarino.
Es lícito destacar que a pesar de figurar en numerosas antologías (Los que siguen, Dodecaedro, Los poetas interiores, Pulpa, y la reciente Las 40. Poetas santafesinas 1922-1981), entre muchos otros escritos, por los que obtuvo merecidos premios y menciones nacionales; sus tres poemarios: Inmaculada Cortesana (1986-96), Eternidad en la fuga (1999) y Lo albergado (2006); continúan paradójicamente inéditos. Esperando que pronto se quiebre este dilatado silencio, quien descubra sus poemas dispersos advertirá que en su conjunto, conforman una ética, y ¿por qué no?, una antropología. No es una hipérbole considerar que la poesía de María Paula Alzugaray enaltece el espíritu. Leerla es entrar en un mundo del cual no se quisiera salir.
Augusto Munaro



