Cuantas veces en la vida tenemos que relegar, o relegarnos por no disponer de tiempo, ya que lo vertiginoso de ciertos momentos de la vida nos lo exige. Un ciclo de la vida que se puede vivir de manera mágica y con la experiencia que nos dan las arrugas, a veces se pueden sentir como una segunda oportunidad o como una barrera infranqueable. Como decía una amiga: si la vejez fueran solo arrugas seria patético…
Al proponernos a pensar acerca de abuelas famosas de las que hoy tanto se habla, y que se angustian e intentan evitar ese lugar, casi como por arte de magia surgió en nosotros el mito de Narciso. Cuenta una de las versiones de la leyenda, según Ovidio en las Metamorfosis, que Narciso era hijo de la ninfa Liríope y del dios Cefiso. Al nacer sus padres consultaron a Tiresias, el adivino, quién les respondió que el niño "viviría hasta viejo solo si nunca se contemplaba a sí mismo".
"Un día andaba por el monte, advertido de que su imagen se reflejaba en el cristal de las aguas límpidas, se extasió y se arrobó de tal manera en su propia figura que no quiso ya alejarse de ese espejo. Cuanto más se contemplaba, mayor era su loca pasión. Narciso entonces suspiraba, tendía los brazos hacia el objeto amado, esforzándose por alcanzarlo y abrazarlo; por las noches derramaba lágrimas de despecho y de dolor. Inmóvil día y noche junto a la fuente, se consumió por falta de comida y melancolía...Dicen que ni aún en la muerte logró librarse de su delirio pues en los infiernos siguió condenado a contemplar para siempre su imagen en la laguna Estigia."
A partir de este mito Sigmund Freud designó bajo este nombre, narcisismo, a aquellos casos en que un sujeto se toma a sí mismo como objeto de amor. Se contempla, y solo puede verse a sí mismo, el resto desaparece.
Esta etapa existe como una fase del desarrollo normal. Es necesaria para la construcción del yo, pero como en todo proceso es necesario dejarla atrás para avanzar hacia la conquista del otro. El problema se presenta al quedarse detenido en ese lugar, en el fijarse a él.
Ese lugar, nos recuerda a un niño esplendido, que lo puede todo. Es un mundo donde no hay tiempo, pero cuando algo se le deniega es vivido como una fractura desastrosa y con la sensación de que todo se le viene abajo. Pasa de la omnipotencia absoluta a la imposibidad total y se pierde de sí. Hoy en día donde los ideales mas altos están puestos en la juventud podemos homologar este mito, donde parecería que a aquellas abuelas se chocaron con el paso del tiempo. Es como si de golpe se hubiera roto la imagen en el espejo de la juventud eterna.
Esto que tanto impacta, y de la que somos espectadores es una visión amplificada y exagerada de características que todos los seres humanas poseemos.
Lic. Patricia Katz Lic. Sebastián Terrizzano
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