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domingo, 23/ago/2026 - 15:15
 
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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 13/jul/2003 de La Auténtica Defensa.

Inseguridad  y Alcohol  
Por Juan Alberto Yaría (*)




Cuando cae la transmisión (tradición) aparece la adicción´. H. G iddens.

LA PLATA, (Especial de AIBA). En las últimas semanas, varias provincias - entre ellas quizás la más paradigmática como lo es la Provincia de Buenos Aires- han anunciado una política restrictiva en relación a la oferta de alcohol. La venta se limita sólo a almacenes y supermercados quitándoles a los kioscos y estaciones de servicio esa posibilidad.

En realidad, ese marco legal ya estaba vigente, lo que sucede es que no se cumple con la norma. Desde mediados de la década del 90 en la Provincia de Buenos Aires es ilegal vender alcohol en kioscos y estaciones de servicio. La transgresión otra vez triunfó y lo que se anuncia como novedad es en realidad una derrota.

El control de la venta de alcohol, que en su abuso es una droga, tiene siempre dos aspectos: uno vinculado a la calidad de vida y el otro a la seguridad. Cuando hablamos de calidad de vida nos referimos a que un bajo consumo de alcohol en la población y especialmente en menores habla de una sociedad más sana, con menores índices de deterioro y con otras vías de descarga, ya sean dialogales (primacía de la palabra y del encuentro emocional frente a lo químico); física (los países que menos alcohol consumen descargan sus tensiones a través de activaciones deportivas); y de ocio y tiempo libre (a menor consumo de alcohol el ocio es más creativo).

Por otra parte, a mayor consumo de alcohol en la población es mayor el efecto de inseguridad. El alcohol (como las drogas en general) es un factor criminógeno: aumentan las tasas de homicidio, violencia doméstica y conductas transgresoras, así como la accidentología vial. Por todo esto algo había que hacer ya que el 60% de los menores abusan del alcohol y la venta es ilimitada en cualquier comercio (dato que no coincide con países con buen nivel de salud pública juvenil en donde hay limitación de los puntos de oferta).

¿Qué hacen los países en donde el problema por lo menos está contenido en relación al alcohol tanto en los aspectos relacionados con la calidad de vida como con la seguridad?

? Limitación de los puntos de oferta; desde restrictivos como en Suecia, donde un solo negocio por barrio debidamente autorizado puede vender alcohol (ni siquiera el supermercado) hasta el sistema de franquicias (pago de un alto canon para poder vender alcohol al Estado). Los países con alto consumo venden alcohol en cualquier lado.

? Educación preventiva hacia los padres y las familias a través de las escuelas y las organizaciones sociales. Esto resulta muy necesario ya no como control de la oferta sino como cambio cultural que va a posibilitar un control de la demanda (o sea de la necesidad de consumir). El alcohol es dañino para los menores y ya se ha transformado en una costumbre negativa para la salud; la educación tiene que convertirse en un contrapeso para enfrentar este nuevo hábito social que está basado en la industria publicitaria que se dirige ya a una población entre 12 y 14 años (datos últimos de la campaña de la cerveza). Esto debe ir unido a una política impositiva ya que tenemos el alcohol más barato del mundo, especialmente la cerveza que es más barata que la leche. En un país hambriento de proteínas año a año aumenta el consumo de cerveza y el consumo de leche bajó en los ‘90 de 220 litros a 180 por habitante en tasa global. Este es otro dato más de nuestro default humanístico.

? Política publicitaria: si no se puede controlar la unión de deporte y alcohol como sucede en nuestro país, y no en otros países más avanzados; por lo menos debemos dirigir un programa publicitario que alerte a la población sobre los daños del abuso de alcohol y sobre los menores. El alcohol cumple con todos los requisitos de las drogas: es neuropsicotóxico, genera síndrome de abstinencia, aumenta la necesidad de consumir progresivamente y deja huellas en la memoria que llevan a repetir la ingesta. La publicidad preventiva debe estar centrada en los daños físicos, mentales y sociales (accidentología y violencia).

? Control de alcoholemia en la conducción. Este es un elemento básico de salud social. En 1994 el 8% en la provincia de Buenos Aires manejaba con signos de alcoholización crítica. Cinco años de trabajo intensivo que hicimos en control de alcohol en las calles, llevó a que en 1999 bajara al 2%. Esto significó un aumento de la calidad de vida y de la seguridad en las calles.

(*) Director del Instituto de Prevención de la Drogadependencia de la Universidad del Salvador.


 
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