InicioFarmacias#DifusiónArchivoBúsquedaSesiones HCD
  Ir a la edicion del dia
MEDIO DIGITAL DE CAMPANA
BUENOS AIRES, ARGENTINA
domingo, 16/ago/2026 - 10:23
 
Cubierto con lluvias
14.3ºC Viento del Suroeste a 4Km/h
Cubierto con lluvias
Política y EconomíaInfo GeneralPolicialesEspectáculosDeportesNacionales
Twitter Facebook Instagram
» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 13/jul/2003 de La Auténtica Defensa.

El que no corre vuela




Buenos Aires, (especial para NA por Pepe Eliaschev)- Es cierto que los aumentos salariales y jubilatorios inyectan valiosas monedas en los patéticos bolsillos de la gente.

Otro dato central de la vida cotidiana del pueblo: la inseguridad callejera agravia la existencia de todos los barrios del área metropolitana.

Pero entre las tibias esperanzas suscitadas por el alza de remuneraciones y las expectativas puestas en el plan anti-delito del Gobierno, dos cuestiones delicadas, de esas que se suelen denominar «super estructurales» y no ligadas al día a día de la gente, se cocinan en las frías temperaturas del fin de semana gélido del primer invierno de la presidencia de Néstor Kirchner.

El Presidente viajó a Londres en uso de una oportunidad diestramente aprovechada.

Participa de un encuentro semi privado denominado pomposamente Cumbre de la Tercera Vía, junto al primer ministro Tony Blair y otros 12 jefes de gobierno y 500 académicos y estudiosos.

Se trata de un emprendimiento del centro-izquierda inaugurado hace cinco años en Washington DC, proseguido luego en Florencia en 1999, Berlín, Nueva York y Estocolmo entre 2000 y 2001.

En esta quinta edición, con el gobierno británico del Nuevo Laborismo en el poder, la escena armada para los gobiernos progresistas es un poco paradojal, dos meses después de consumada la invasión y ocupación de Iraq con entusiasta y solitario apoyo del gobierno de Blair, en alianza irrestricta e incondicional con el gobierno de George W. Bush.

El otro asunto relevante es la cuestión de la extradición de medio centenar de militares requeridos por el juez español Baltasar Garzón, un conflicto importante porque confronta los embates globalizantes de una justicia sin fronteras, versus la historia, los intereses y la soberanía de un determinado estado-nación, en este caso el nuestro, la Argentina.

El episodio se recalentó desproporcionadamente, como es habitual en este país, porque Kirchner culminará su rápida gira por Europa con una escala en Madrid para ser recibido por el gobierno de ese país, con lo cual las gestiones de Garzón proyectan un relieve inusual.

La reunión de Londres se celebra entre jefes de gobierno que creen en un «capitalismo responsable» y en la existencia de una alternativa viable a la propiedad estatal y la iniciativa privada. Se trata de un tercerismo problemático y pleno de incógnitas.

Blair y sus cofrades vienen pidiendo al capitalismo que reconozca «adecuadamente» las necesidades sociales; también plantean la posibilidad de que los ciudadanos accedan de manera equitativa y a la vez con pleno uso de su criterio selectivo a unos servicios públicos cada vez más descentralizados.

Ninguno de esos asuntos pueden ser siquiera evocados con seriedad por el presidente de un país que da sus primeros pasos tras una emergencia devastadora y confronta situaciones de corto plazo muy apremiantes, con base en la acuciante necesidad de lograr acuerdos de mediano y largo plazo para refinanciar la deuda contraída y violada con unos 700.000 Acreedores privados por 76.700 Millones de dólares.

Pero, además, la Argentina debe pagar casi 7.900 Millones a los organismos internacionales desde ahora y hasta fin de año. Este club de la Tercera Vía que llevó a Kirchner a Londres no pretende desarrollar nada parecido a una opción adversa al capitalismo.

Se propone, modestamente, «soluciones comunes para problemas comunes», admite las diferentes situaciones domésticas de cada país y su agenda de temas prioritarios está integrada por servicios públicos, migraciones, reformas a la seguridad social, impacto del desarrollo económico en el medio ambiente del planeta y las soluciones aportadas por las nuevas tecnologías.

La búsqueda de una «gobernabilidad progresista» nace de una convicción: tras el optimismo desmesurado de fines de la Guerra Fría, el mundo se halla ahora deprimido en un pozo de colosal pesimismo, marcado por una sensación aguda de inseguridad, tanto doméstica como planetaria.

Lejos de haber sentado las bases de un nuevo y mucho más grato sistema internacional, el mundo parece enderezado, ocho siglos después de la Edad Media, a reiterar modelos de enclaustramiento feudal y guerras basadas esencialmente en la conquista y en la desesperanza.

Muchas de las lacras de este presente universal se advierten en la Argentina, incluyendo la emigración de los jóvenes, el espectro doloroso de un delito in crescendo y la percepción de que crecer lo suficiente como para reducir exitosamente la desocupación masiva se torna cada vez más ilusorio.

Este ámbito conceptual es lo que encontrará Kirchner en Londres, antes de seguir viaje a Bruselas, Paris y Madrid, un maratón bien intencionado y necesario de hacer, pero cuyos resultados prácticos serán, por definición, entre mínimos y nulos.

Anteayer viernes 11, en espera de los invitados, el londinense The Guardian aseguró que «el peligro de cuatro días de nebulosas abstracciones acerca de la globalización y la ‘integraci.n de ideas normativas’ es muy concreto».

Sin embargo, exponerse a una primera presentación internacional era correcto. A diferencia del cosmopolita Fernando de la Rúa y del rutilante Carlos Menem, Kirchner es un hombre de tierra adentro en serio.

Ex militante de la JotaPé de los años Setenta, el Presidente nunca había viajado a Europa y sus reflejos son los de un dirigente político curtido en la cotidianidad rústica del terruño, antes que en elegantes y habitualmente hipócritas puestas en escena de diplomacia ideológica.

Ya como presidente de la Argentina, Kirchner no puede ignorar el profundo recelo suscitamos en países como el Reino Unido y otras naciones europeas, en donde no sólo acciona la presión de los mercados financieros y de las casas matrices de las privatizadas locales, sino también, en curiosa pinza, aprietan los reclamos de derechos humanos, que provienen de una diferente fuente filosófica.

En este último caso, el Presidente viajó sin definir qué hacer con los pedidos de extradición de los militares, preparando tal vez las condiciones para decretar el levantamiento de la negativa a las extradiciones y llevando toda la situación a la inminencia de decisiones judiciales nacionales.

En verdad, quitar el cepo a los pedidos de extradición no supone un automático acatamiento a ellas. Antes bien, eso permitiría definir aquí situaciones imposibles de seguir arrastrando de por vida y le restituiría a los jueces una soberanía total sobre las causas pendientes, que ni son tantas, ni tienen la potencia de hacer tambalear a las Fuerzas Armadas, naturalmente responsables de lo que sus integrantes perpetraron en los años Setenta. No fueron «grupos represores ilegales», sino oficiales superiores que no podían ignorar que lo que hacían era contrario a la ley.

Eliminar, pues, la variante ridícula de que la Argentina no pueda remitir al exterior a quienes, por otra parte, no quiere juzgar en casa no significa que se retorna a la negra impunidad compulsiva promulgada por la obediencia debida de hace 15 años. Nada profundiza más las heridas que un pasado mal cerrado y procesado.

El puñado de grandes responsables de crímenes atroces no puede ampararse hoy en el mismo destino de centenares de oficiales que verdaderamente carecían de la posibilidad de revisar las órdenes recibidas.

A mitad de camino entre una justicia imposible y una justicia total, la Argentina tiene aun tiempo para establecer el principio de responsabilidades, el mejor aporte posible a la mentada y no conseguida pacificación nacional.

Se removería, así, el intolerable accionar de un justicierismo internacional que se le anima a la Argentina, pero es incapaz de recortarle un poco sus largas uñas a los Estados Unidos, cuyo campo de concentración de Guantánamo, con unos 700 desaparecidos sin garantía de defensa ni representación legal, es un insulto a las mejores tradiciones de Occidente.

Entre las extradiciones y la Tercera Vía, Kirchner se alejó un poco de la Argentina. Pero la mañana del viernes 18 de julio se baja del Tango 01 y se va al acto en recuerdo de matanza de la AMIA.

Ese mismo día sabrá, además, cuánta y de que potencia será la guerra que le hacen y le harán desde el Partido Justicialista, donde el que no corre, vuela.


 
P U B L I C I D A D






Av. Ing. Rocca 161 (2804) Campana - Provincia de Buenos Aires
Tel: 03489-290721 - E-mail: info@laautenticadefensa.com.ar
WhatsApp: +54 9 3489 488321.-