Fuimos al Tiro...!. Dijo el "Gache" Alvarez hace un tiempo en un excelente relato.
Sucedió que un grupo de adolescentes hace exactamente treinta años, allá por el TIFAC de la Ruta Doce, curioseaba para ver de que se trataba el Rugby. Quizás pensando solamente en un desgaste físico y fue así que palabras como: Desafío. Camaradería. Respeto. Mitos y Leyendas, inundaron nuestra vida.
Y ahí mismo empezaron las anécdotas.
Circulaba entre conocedores que este juego empezaba por el final. Por el Tercer Tiempo, que consistía en agasajar al adversario, porque sin él no hay partido. El Scrum y el Tackle, el Line o el Hand Off, serían palabras cotidianas. No había tradición y habría que generarla.
Por un tiempo convivieron con los que habían empezado en el ESSO, tres años atrás. Eran tiempos donde la inconsciencia sucedía porque eran demasiados inocentes. Pero algo pasó ese día que se planteó el Rugby de corazón.
Debajo de los eucaliptos fueron atravesados por una mágica brisa que aliviaba a las purpuradas rótulas. Pasaron todos y de todo y la historia siguió casi caprichosamente como copiando la conducta de la guinda, la ovalada.
Los fríos, las lluvias y los vientos no resultaron ser tan intensos. Se tornaron familiares los esguinces, los acromios y los meniscos. Las vendas y rodilleras fueron buenas amigas.
El rearmar el viaje en el medio del viaje, por la rotura del micro y la ropa perdida en un vestuario inundado. Abdominales y flexiones casi como el respirar mismo.
El "Vamos al Fijo...!!", por el Scrum; "Los Baks más planos, viejo...!!" y el "Vieja, me cosiste la remera...?", se repitió las mil y una veces.
El mejor energizante: Lustrar los botines en vísperas de un clásico.
Hoy se encuentra en el Ciudad de Campana, pensando que vale la pena seguir pelándose las rodillas...
Fue aquel 16 de septiembre de 1978, que el viejo José cedió la Capilla Sixtina y el Negro Eugenio la pintó...



