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» Este artículo corresponde a la Edición del viernes, 14/nov/2008 de La Auténtica Defensa.

La menor misionera rescatada en Campana confirmó que fue drogada y retenida contra su voluntad






 La menor Gabriela se abraza con su madre.

"Yo lloraba todas las noches porque no sabía si me iban a matar o qué. Fue horrible, lo peor que me pasó en la vida", relató Gabriela (15), la joven obereña que el 30 de octubre pasado fue secuestrada y permaneció durante diez días en manos de una presunta red de trata.

En un primer momento, la Policía informó que se trataba de una fuga de hogar, por lo que por todos los medios se difundió la identidad de la menor y su fotografía.

Luego su madre reiteró el pedido de paradero y se supo que efectivamente había sido víctima de una red de trata de personas.

La adolescente y su madre Ester (34), retornaron ayer a Oberá y se reencontraron con sus familiares y amigos, que las aguardaban ansiosos tras varios días de angustia.

Ambas fueron acompañadas hasta su domicilio por efectivos de la División Trata de Personas de la Policía Provincial, quienes el domingo supervisaron el rescate de la joven en Campana.

En diálogo exclusivo con el diario misionero El Territorio, Gabriela Andrea aseguró que fue engañada y retenida contra su voluntad por la pareja de gitanos que la raptó.

También contó que la drogaron al menos dos veces en camino hacia la Capital Federal, donde permaneció varios días recluida en la casa de una familia gitana.

El rapto

La joven confirmó que su entregador fue Javier (15), un adolescente que decía ser su amigo y a quien los gitanos le dieron 100 pesos por la joven.

"Javier me llevó hasta ellos y la mujer me ofreció trabajo, yo le dije que sí, pero primero teníamos que hablar con mi mamá. Ahí me dijo que suba, que me iban a llevar a mi casa, pero en realidad agarraron para otro camino", recordó con lujos de detalles.

A las pocas cuadras, por avenida Libertad, la chica comenzó a llorar, pero la gitana la calmó diciéndole que pararían en una estación de servicios para tomar y comer algo antes de volver a su casa para charlar con su mamá.

"Paramos en la YPF y ella me invitó una gaseosa, al ratito me dormí y me desperté unas cinco o seis horas después", contó Gabriela.

Y alguna hasta soltó un insulto cuando la chica aseguró que en un puesto de Gendarmería los secuestradores habrían sobornado a los uniformados para pasar.

"Yo justo me desperté y escuché que un gendarme le pidió unos papeles, pero el hombre le dijo que no tenía. Ahí bajó y se fue con el gendarme; al rato volvió, le pidió plata a la mujer y ella le dio un toco de 100 pesos".

Ya caía el sol cuando la gitana le convidó un mate. Al rato volvió a dormirse, recordó.

Alrededor de la una de la madrugada del viernes 31 de octubre detuvieron su marcha y se alojaron en un hotel. Temprano en la mañana, más lúcida, Gabriela Andrea le reprochó a la mujer lo que hizo, aunque la única respuesta que obtuvo fue: "Comete un sándwich y callate, pendeja".

La pareja de gitanos viajaba acompañada por un nieto.

El primer destino de la obereña fue un departamento de Capital Federal, en avenida Nazca al 2646, según confirmó la joven.

"Me tenían como empleada, me hacían lavar los platos, planchar, limpiar, todo. Todas las noches iban a comer como 40 gitanos y a veces le traían un montón de plata a la mujer", contó.

Según recordó, habitualmente hablaban en su propia lengua, por lo que la joven entendía poco y nada las conversaciones.

Ante este complicado panorama, fue una criada de la familia quien le tendió una mano. La chica le contó la historia y la mujer se sorprendió e indignó al mismo tiempo.

Por ello, en una primera instancia le prestó su celular y Gabriela Andrea se contactó mediante mensajes de texto con un amigo del barrio.

Casi simultáneamente, la criada rompió el silencio y en la cena contó lo que sucedía con la joven.

Ahí se habría percatado de la situación Diego, el hijastro de la gitana. Este hombre de 31 años brindó los datos para la liberación y fue traído detenido por la Policía.

A esa altura el caso ya estaba instalado en la prensa nacional y el muchacho le confesó a su madrastra que había convenido la entrega de la muchacha a su madre.

"Mirá, si sale todo mal con tu mamá, te prometo que te voy a seguir toda tu vida y que voy a matar a tus hijos". De esta forma habría amenazado la gitana a la menor.

Finalmente se convino la entrega y el sábado a la tarde viajaron a Campana, a otra propiedad del clan de gitanos.

El rescate

El resto es historia conocida. Ester, acompañada de cerca por efectivos de la Policía Provincial, contactó a Diego y se dirigieron hasta la casa en donde se hallaba su hija.

Ester llegó a cruzar palabras con la pareja de gitanos, quienes abandonaron la casa apenas segundos antes del allanamiento.

"Me saludaron como nada y me dijeron que se tenían que ir, que se iban a evangelizar", recordó la mujer.

Entre abrazos y lágrimas, Gabriela Andrea y su madre se reencontraron después de diez días de incertidumbre y angustia.

"Yo pensé lo peor", dijo Ester.

Al lado, su hija recordó que "parece que este lunes me iban a llevar a Rosario, no sé para qué. Ah… también me habían preguntado si no quería ir a Estados Unidos y que me iban a dar otro documento".

El comienzo de la traumática vivencia

Gabriela Andrea (15) desapareció el jueves 30 de octubre y desde el primer momento su madre expresó fundadas sospechas de que la menor había sido raptada por una red de trata de personas.

Fue central la figura de Javier (15), el joven que habría actuado de nexo entre los reclutadores y las hijas de la mujer.

Según los dichos de la mujer, el muchacho se ganó el afecto de sus hijas porque éstas se habrían enternecido por las historias que él contaba de su pasado como chico de la calle.

Pero el jueves 30, sabiendo que la mujer se hallaba trabajando, Javier fue a su casa y le propuso trabajo con una supuesta familia de Rosario a Paola (13), otra de las hijas de la denunciante.

Junto a su hermana Gabriela Andrea -que escuchó la proposición- y Javier, la joven se dirigió hasta el trabajo de su madre y le comentó la posibilidad.

"Les dije que si era así no había problema, pero que esa gente primero tenía que hablar conmigo. Él me dijo que era imposible porque en media hora la familia se volvía a Rosario, entonces yo le dije no", relató. Al despedirse, Javier le pidió a Gabriela que lo acompañe un par de cuadras. La joven no regresó.

Esa tarde, al salir del trabajo, Ester A. volvió a su casa y se encontró con que Gabriela Andrea no había vuelto. Tampoco había dicho que pensaba ir a algún lugar, ni siquiera llevó su celular.

Tras la denuncia y en sede policial, Javier confesó que le dieron 100 pesos por entregar a Gabriela Andrea y que con esa plata se compró una camiseta de Boca y unas zapatillas.


 
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