Buenos Aires (Especial para NA) -- Magno blanqueo impositivo. Indulto fiscal. Medidas para endulzar el fin de año de los que ganan $ 7500 pesos por mes.
Los Kirchner preparan su séptima navidad en la cúspide del poder a marcha redoblada. Hay arrebato de anuncios, pero son muchas las imprecisiones. El viernes galardonaron a los 240.000 asalariados y 120.000 monotributistas que reciben sueldos a partir de $ 7.500 mensuales y que desde enero (casados, con dos hijos) agregarán a sus bolsillos unos $ 680 más por mes.
El Gobierno ahora hace ruido mediático con decisiones de todo tipo y color, todas desde la urgencia y sin el mínimo análisis sereno que requieren medidas tan delicadas. Hay apuro, pero mucha improvisación.
Las divergencias sobre la implementación de todos los esquemas reactivadores se hicieron visibles y nada pudo ocultar la firme sensación de que todo, finalmente, termina cerrándose en la mesa de trabajo de Guillermo Moreno, convertido más que nunca en zar de precios, contralor de topes, administrador de márgenes permitidos, gerente de cuotas aprobadas, benefactor de permisos concedidos y sargento de prohibiciones efectivizadas.
Si se hubiera puesto un programa coherente para alentar, gratificar y seleccionar como favorecidos a los más golpeados, el gobierno hubiera hecho lo correcto. Pero la residencia de Olivos salió a decir que habrá en los supermercados "canastas navideñas" a nueve pesos: como decía Carlitos Balá, eso es un kilo y dos pancitos. ¿Nueve pesos la canasta cuando el pan ronda los seis pesos el kilo?
Para los Kirchner lo que cuenta es ocupar el centro del ring, proyectando una imagen de actividad fervorosa e incansable, mientras la presidenta se sube y se baja de aviones y helicópteros, anunciando, prometiendo y criticando a los que no creen en ella y en su marido.
La enorme marcha contra el hambre infantil en la Argentina de 2008 que la parcialmente kirchnerista CTA armó anteayer en la
Capital, sin embargo, hizo recordar las jornadas infernales del verano de 2002.
Los habitantes de la residencia de Olivos parecen operar como si sus aspiraciones se convirtieran en hechos, mágicamente, pero crece en la sociedad la cada vez más robusta impresión de que el gobierno procede de manera intencional, aparentando un activismo anti crisis y pro pueblo más virtual que verdadero.
Los hechos revelan que las autoridades, permanentemente involucradas en lanzamientos e inauguraciones, eventos para los que convoca a sus socios centrales (patrones y sindicalistas amigos, funcionarios, tropa política), no consiguen suscitar pasión o apoyo convencido.
Así, la idea de usar el dinero para las jubilaciones capturado por la ANSES para darles créditos amistosos a quienes quieran comprarse coches nuevos, como parte de un esquema manifiestamente incompleto y que se viene puliendo hasta este mismo momento, planchó el mercado de manera drástica. ¿No pensó el gobierno que nadie gastará sus dineros si hay posibilidad de prestamos menos leoninos? En consecuencia, la gente averigua, pero autos no se venden. Fin de año melancólico en las concesionarias.
Crece, de este modo, la sensación ilevantable de que la conducción política del país exhibe un rasgo que muchos caracterizan como malvado, al estimular expectativas y suscitar esperanzas que no tienen correlato con la realidad.
Escudado en el argumento de que los males argentinos son "la culpa" del mundo, el gobierno presume que podrá zafar de las responsabilidades, como si quienes conocen el problema y lo han encarado con responsabilidad, pudieran ignorar que el desbarajuste mundial despuntó en septiembre de 2007, nada menos que 14 meses antes de que el matrimonio presidencial comenzará a anunciar medidas a troche y moche, en un frenesí de anuncios pisando el acelerador, como si eso equivaliese a gestión eficaz y a fehaciente remedio para los problemas.
Todo rápido y sin chistar, como el escandaloso blanqueo total de capitales no declarados que los Kirchner le ordenaron aprobar al Congreso y ya fue votado por el oficialismo en Diputados.
Funciona ahora una "concertación" de nuevo tipo, con socios como Aldo Rico y Borocotó, mientras que la taciturna izquierda K se sumerge, deprimida, en cuarteles de verano. Vilma Ibarra y Miguel Bonasso no le votaron el indulto fiscal a los Kirchner, del mismo modo como se negó a hacerlo la ya apreciable bancada peronista no K, que con Felipe Solá como timonel, navega rumbo a una todavía imprecisa convergencia con fuerzas de la oposición.
En ese voto en Diputados hubo matices importantes, como el revelado por los que aceptaron darle quórum al oficialismo (el juecista Francisco Delich de Córdoba, los dos legisladores fueguinos de ARI), pero no acataron lo del blanqueo de capitales.
Si el Senado consuma esta semana este colosal blanqueo de capitales no certificados, la Argentina habrá producido una monumental obra maestra del terror. La medida demuele los criterios más elementales de seriedad estatal, ya que abre las puertas a operaciones por lo menos sospechosas, en una época mundial caracterizada por la sofisticada maestría del crimen mundial para bendecir dineros malditos.
Lanzada al ruedo como herramienta creadora de previsibilidad y repatriadora de recursos, en la Argentina real la idea más bien se adecua a las necesidades de allegados del poder para poner sus cosas en orden y beneficiarse de pingües negocios nuevos.
Fin de año especial: beneficios para una clase media que no se hará kirchnerista por 600 pesos mas al mes y jubileo indultatorio para esa montaña de dinero a la que se quiere capturar desactivando hasta los mas elementales controles que aseguraban que subsistiera una minoría de gente decente opuesta violar la ley.
¿Se dará cuenta el oficialismo en el Senado que esta a punto de proclamar un verdadero piedra libre?



