Buenos Aires (Especial de NA) -– La firme capacidad de reconversión del sector agropecuario es el horizonte más firme que alienta a los productores porque tanto los números como las perspectivas climáticas son adversos en estos tiempos de crisis.
"El año que viene va a ser más duro que éste", sintetizó Pedro Apaolaza, presidente de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa en diálogo con la agencia Noticias Argentinas.
Si las reglas de juego para los negocios agropecuarios no dan un giro rápido y vivificante, 2009 será un gigante pleno de conflictos. Los productores ya no cargan en la mochila las consecuencias positivas de una cosecha record de 95 millones de granos con altos precios que les permitió subsistir a lo largo de la protesta de 2008.
El panorama actual tiene pronósticos inferiores a los 85 millones de toneladas de granos con una caída de precios en promedio para maíz y trigo del 60 por ciento en los últimos seis meses y la baja cotización de la soja que oscila en Chicago en la franja de los 300 dólares.
En los últimos días, hay escenarios preocupantes como el avance de la tucura o langosta que ya devastó trigo y soja en gran parte de 20 partidos del sudeste de la provincia de Buenos Aires. El recrudecimiento del episodio climático La Niña ya es una posibilidad avalada por distintos informes agroclimáticos y generan la mayor de las incertidumbres.
Argentina, a pesar de las advertencias durante la época de las "vacas gordas" no desarrolló sistemas para almacenar agua y utilizarla en épocas de déficit y así miles de millones de litros de agua dulce, cuando llueve, discurren por las grietas que dejaron la sequía o la erosión.
Sin embargo, los especialistas consultados recomiendan enfrentar la siembra de la campaña de granos finos (trigo, cebada, avena, entre otros) con la improvisación de aguadas en marzo, obras de muy difícil realización.
Un año cargado de expectativas se retira con la retracción de cinco millones de toneladas de trigo y en su lugar llega un período de "vacas flacas": disminución de los índices de preñez, y con los principales cultivos sin rentabilidad a la vista.
En Cuyo, los agricultores de fruta, oliva y vitivinicultura se lanzaron a un plan de lucha porque "hacen falta 80 kilos de damasco para comprar un kilo de carne".
Como muestra, ya se sabe que en el partido mendocino de Rivadavia se perderá el 30 por ciento de la producción de uva lo que representa una pérdida de 40 millones de pesos.
El 2009 desnudará el problema de las economías regionales que trae caída del empleo y falta de contención social.
En este sentido, el sector lácteo protesta con indignación por el precio de la leche debajo de los costos, en promedio a 0.70 centavos el litro.
Peras, manzanas, cítricos y fruta fina necesitan del auxilio estatal para recomponerse porque fueron azotados por el granizo, la seca y el pago de 0.20 centavos el kilo para algunos commodities como los damascos y los duraznos.
En cuanto a la soja, asoma la realidad de una siembra que avanza lentamente y que hasta el momento sólo cubrió menos de 14 millones de hectáreas.
La oportuna reconversión es la esperanza porque como dice Apaolaza: "no se puede ser pesimista". Algunos informes "positivos" indican que el agro argentino puede hacer frente a la crisis interna y externa: la reanudación de las importaciones sojeras por parte de China es un incentivo.



