Buenos Aires (Especial de NA) -- El clima y las tensiones de su cargo le jugaron una mala pasada a la presidenta Cristina Kirchner en el arranque de un 2009 complicado por la crisis internacional y la política doméstica.
La jefa de Estado, siempre puesta a prueba y a veces a la "sombra" de su marido Néstor Kirchner, había terminado el 2008 acertando en algunas decisiones estratégicas de política económica.
Sus anuncios de obras públicas, rebajas impositivas, sumas fijas para alentar el consumo y medidas para proteger a la industria nacional habían logrado atenuar las expectativas negativas desatadas por la debacle financiera internacional.
La Presidenta, cuya imagen positiva se derrumbó al fragor de conflicto con el sector agropecuario a un pobre 30 por ciento, logró en diciembre empezar a remontar esa cuesta, algo que no había podido alcanzar en todo su exigente primer año de gestión.
Según la última medición de imagen realizada por el consultor Ricardo Rouvier, Cristina orilla un 40 por ciento de aceptación, pero todavía está detrás de su vicepresidente, el díscolo Julio Cobos (55%), Daniel Scioli (52%) y Carlos Reutemann (50%).
Cristina iba a arrancar este año con dos viajes de alto voltaje político: estaría con los hermanos Castro en Cuba casi al mismo tiempo que en Estados Unidos asumía el demócrata Barack Obama, el primer presidente afroamericano de ese país, quien buscará dar un giro en medio de la crisis más fenomenal desde el crack del 30.
Obama pretende cambiar casi todo lo que hizo George Bush, incluyendo su cuestionable política de derechos humanos, y por eso prometió que durante su administración no habrá "torturas". Una definición que está en las antípodas del saliente vicepresidente republicano Dick Cheney, quien se despidió del cargo haciendo apología del "submarino" como eficaz "método" de interrogatorio.
Pero más allá de esto, la Presidenta debió postergar al menos por una semana su viaje, que incluía luego de Cuba un paso fugaz por Venezuela para visitar a su par Hugo Chávez.
"A los pingüinos no nos hace bien el calor", dijo Néstor Kirchner para explicar la ausencia de su esposa en el masivo acto que Julio Pereyra le había preparado el jueves pasado en el bastión peronista de Florencio Varela, primer indicio de que algo ocurría con la salud de la jefa de Estado.
Es cierto, Cristina sufre las altas temperaturas y su estado natural parece ser el gélido y espectacular paisaje de El Calafate, su lugar en el mundo.
Pero existe la percepción de que la salud presidencial, siempre una cuestión de Estado, fue afectada también por el estrés provocado por las exigencias de su tarea cotidiana y, en especial, un viaje a Cuba donde debería lidiar con un caso de derechos humanos de trascendencia internacional, como lo es el de la médica Hilda Molina.
Cuando se comenzó a gestar este viaje a la isla caribeña, los más optimistas en el kirchnerismo hasta se ilusionaron con la imagen de Cristina trayendo en el propio Tango 01 a Molina para ver a su familia en la Argentina, algo que el régimen cubano impide desde hace años.
A medida que se acercaba la fecha, esa ilusión se fue apagando y la expectativa de máxima que le quedaba a la mandataria argentina era lograr un guiño del presidente Raúl Castro de que se analizaría nuevamente el caso.
Cristina, ya en plena recuperación, seguramente podrá concretar su viaje el próximo fin de semana, pero deberá cuidar más el flanco de su salud ante las exigencias cotidianas, que serán incluso mayores este año.
La economía, el principal interrogante La Argentina afrontará este año un exigente frente financiero, con vencimientos de deuda por unos 20.000 millones de dólares.
La intención de la administración kirchnerista es no dejar dudas ante la comunidad internacional de que se honrarán esos compromisos, porque lo contrario colocaría al país en un horizonte oscuro.
Ese escenario, temido por el kirchnerismo, le haría el "caldo gordo" a la oposición para sacar tajada en las legislativas de octubre y mellaría en forma decisiva la segunda mitad del mandato de Cristina.
Pero despejar las dudas en el escenario internacional será un desafío muy exigente.
Según el economista Aldo Abram, existe un riesgo muy bajo de que el país pueda caer en default en el 2009, pero el cuadro de situación hay que verlo en perspectiva de más largo plazo.
"Si el gasto público se desboca este año por las necesidades electorales, será incierto el panorama para el 2010 y el 2011", explica Abram.
El Gobierno es consciente de este panorama, y por ello arrancó el 2009 autorizando un fuerte aumento de tarifas para el transporte, que le permitirá ahorrar unos 1.000 millones de pesos anuales.
Los subsidios a distintos sectores de la economía rondaron los 25.000 millones de pesos en el 2008, un ‘lujo’ que la Argentina, con su recaudación desacelerándose, no se podrá dar este año.
Según Marina Dal Poggetto, directora del Estudio Bein & Asociados, los subsidios podrían bajar a 19.000 millones de pesos
en 2009.
Esto le permitiría al Gobierno contar con una caja más fuerte para tener mayor margen de maniobra en medio de la desaceleración económica esperada, donde la economía no podría crecer más de un 3 por ciento, según los cálculos realizados por el ex titular del BCRA Mario Blejer.
El problema es que cada subsidio que se corte acentuará el mal humor social, porque representará aumentos de tarifas que, como el caso de la electricidad, están llegando hasta el 400 por ciento para algunos usuarios.
La suba ya anunciada de hasta 25 por ciento en colectivos, trenes y subtes será un golpe duro para más de 8 millones de trabajadores, muchos de los cuales llegan con lo justo a fin de mes.
Y si es cierto que el "órgano" más sensible del ser humano es el bolsillo, el panorama electoral del gobierno de Cristina podría complicarse de cara a octubre.
jcalero@noticiasargentinas.com
Destacados:
La Presidenta, cuya imagen positiva se derrumbó al fragor de conflicto con el sector agropecuario a un pobre 30 por ciento, logró en diciembre empezar a remontar esa cuesta, algo que no había podido lograr en todo su exigente primer año de gestión.
Pero existe la percepción de que la salud presidencial, siempre una cuestión de Estado, fue afectada también por el estrés provocado por las exigencias de su tarea cotidiana y, en especial, un viaje a Cuba donde debería lidiar con un caso de derechos humanos de trascendencia internacional, como lo es el de la médica Hilda Molina.
La suba ya anunciada de hasta 25 por ciento en colectivos, trenes y subtes serán un golpe duro para más de 8 millones de trabajadores, muchos de los cuales llegan con lo justo a fin de mes.



