Hace varios días que vengo pensando en escribir algo sobre vos papá. A solo dos días de tu partida se me agolpan recuerdos de toda la vida mezclados como en una película desordenada. Me acuerdo de esa ventanita chiquita en De Dominicis y San Martín; claro…..la Telefónica donde trabajaste desde los 15 años y por 29 largos años; ahí pasábamos a saludarte con Mamá y Susana cuando trabajabas en "turnos"; a la noche generalmente y era misterioso verte ahí. Ahí conectabas con el viejo sistema de clavijas a la gente entre si; en la época en que para hablar hacia falta que el operador te atendiera. Hasta tus últimos días recordabas los teléfonos más requeridos y necesarios que había que saberlos rápidamente porque quizás una vida dependía de esos segundos. Tuviste muchas alegrías en tu trabajo y una tristeza final cuando de la mano de la tecnología hacia falta menos gente porque el sistema se automatizaba y no aceptaste que tus condiciones laborales fueran degradadas y renunciaste. La dignidad ante todo.
Recuerdos llantos de esa época y mucha preocupación en la familia; búsqueda de un nuevo trabajo; hasta que llego la posibilidad de trabajar en el puente Zárate Brazo Largo dónde estuviste hasta su inauguración con anécdotas de aislamiento por inundaciones y más tarde entrando a Agua y Energía donde te jubilaste luego de trabajar por más de 15 años. Pero tu jubilación no determinó el fin de tu vida laboral; seguiste trabajando como boletero en el Club Villa Dálmine; como cobrador de la Auténtica Defensa y de la compañía de seguros San Cristóbal. Fuiste extremadamente responsable y reconocido en tus trabajos.
Pero lo que más te gustaba era la música; te encontraste con ella a muy temprana edad cuando en la academia de Cristóbal Herreros comenzaste a estudiar Bandoneón. Esa fue tu verdadera pasión y no te separaste de este noble y difícil instrumento hasta tus últimos días. El bandoneón tiene 33 teclas en la mano izquierda y 38 en la mano derecha; la mayoría de ellas de doble sonoridad al abrir o cerrar el fueye repetías a quien quisiera saber algo de él.
Recuerdo innumerables bailes a los que asistíamos para verte sobre el escenario: …….. y ahora…… la orquesta típica "Aguila Fornarini"…… ;en la isla donde se hacían memorables bailes y dónde conociste a Amanda; la mujer de tu vida; en el Prado español; en Dalmine; en los famosos bailes anuales del Club Esso y en todo escenario de la zona dónde se requería una orquesta típica. También en increíbles serenatas por las casas de amigos o amigas que los recibían con los brazos abiertos y con todo lo que tenían en cada fin de año.
Un hecho te marcó y fue la muerte de tu amigo y bandoneonísta "Cuelo Aguila"; eso determinó el fin de la orquesta. Tuviste la humildad de no continuar con ella sin tu inseparable amigo. Pero seguiste tocando y tocando de distintas maneras; en tríos; en dúos; o solo cuando te invitaban; o grabando caseramente algún cd que regalabas con dedicatoria y todo a cuanto amigo querías agasajar. Hasta Shelby; visitante norteamericana que estuvo en tu casa bailando un tango se llevó ese preciado obsequio.
Te recuerdo escribiendo las partituras para todos los músicos; preparando el repertorio y poniéndote el mejor traje negro para la actuación.
Me dejaste la pasión por el fútbol con dos clubes: el local; Villa Dálmine, el de los sábados y el
otro; de los domingos; Boca; del que recordabas de memoria la formación del 1943/1944: Vacca, Varante, Malussi, Sosa, Lazzatti, Pescia, Boyé, Corcuera, Sarlanga, Varela y Sánchez.
Y que decir de tus habilidades manuales; tus nietos recuerdan los paseos en carritos de madera hechos por vos y a la rastra de tu bicicleta desde la que veías el mundo lentamente.
Y la borrachera memorable cuando me recibí; de allí quedo la frase "salud Oscar" que a cada momento alguien te decía; ahí comprendí lo importante que era para vos que tu hijo te trajera un titulo después del sacrificio de pagarle los estudios.
No hablábamos mucho; pero sabíamos lo que sentíamos mutuamente y no nos hacía falta verbalizarlo. A pesar de tu parquedad pudiste decirle en una de las ultimas noches que pasaste en casa "que suerte fue haberte conocido" a Mamá compañera de toda la vida.
El final fue vertiginoso, comenzó con un dolor en la cintura; estudios; médicos; problemas oseos; "no ande mas en bicicleta"; remedios varios, renuncia a San Cristóbal; depresión; neumonía; bronco espasmo; paro cardiorrespiratorio.
Chau viejo; Tito para algunos, Forna, Oscar o el bandoneón mayor de Campana para otros.
Te vamos a extrañar mucho, pero tu enseñanza de vida y por sobre todo tu honestidad me guiarán para toda la vida.
Eduardo Fornarini



