Buenos Aires (Especial para NA por Luis A. Gramuglia) -- ¿Dónde está escrito que el presidente de la Nación debe asistir inexorablemente al acto inaugural de la Exposición Rural de Palermo?
Es cierto que salvo los ex presidentes Juan Perón y Eduardo Duhalde, todos los otros mandatarios, sean de la dictadura o de la democracia, participaron de esa ceremonia.
Podemos recordar, incluso, aquel ingreso a la pista central del ex dictador Juan Carlos Onganía a bordo de una calesa. Parecía más un monarca que un general golpista.
Pero evocaciones al margen, la decisión del presidente Kirchner de no ir a Palermo este sábado provocó inocultable enojo en la Sociedad Rural del que se hicieron eco no pocos comunicadores queinterpretaron que, en realidad, se trató de una afrenta al campo.
Los presidentes no concurren, por ejemplo, al congreso ordinario de la Federación Agraria Argentina, siendo esta entidad representativa de los pequeños y medianos chacareros.
Podríamos decir, en este caso, que se agravia a los miles de productores de esa condición que recibirían con agrado la visita de un presidente.
En tren de recuerdos, corría el año ´81 cuando estuvo en la inauguración de un congreso de la FAA el ex ministro de Agricultura Jorge Aguado, quien pronunció un discurso que fue reprobado por los productores que asistían al acto por su contenido claramente contrario a quienes iba dirigido.
Volviendo al presente, si Kirchner no concurre, sí lo hará el secretario de Agricultura, Miguel Campos, quien se encargará de decirle a sus interlocutores qué piensa el Gobierno de la situación agropecuaria.
En los últimos años, la aparición de la Expochacra y este año Feriagro se han convertido en escenarios importantes donde el complejo agro-industrial exhibe su potencial.
Es cierto que la Rural acompañó, durante la gestión del ex presidente Enrique Crotto, las políticas aplicadas en los ´90.
Incluso, este dirigente se sumó activamente a la campaña del ex presidente Carlos Menem en su intento por volver a la presidencia que luego quedó en la nada tras su intempestiva huída.
¿Pasó Kirchner alguna factura a la Rural en este sentido? Nadie lo dirá en forma explícita.
Digamos que la existencia de cuatro entidades del campo señalan que hay diferencias por lo que difícilmente uno pueda decir que la Rural representa a todo el sector, del mismo modo que no lo hacen la FAA, Coninagro o Confederaciones Rurales Argentinas.
Que la Rural ofrece una tribuna mediática que pocos han desdeñado. Vaya, esto no es ninguna novedad,pero discutir si un presidente va o no va parece un dato menor.
Lo importante sería que el debate se centre en la elaboración de políticas claras que potencien la actividad del complejo agro-industrial.
Las organizaciones del campo vienen reclamando asistencia crediticia y menores impuestos, además de la eliminación de las retenciones.
Son demandas atendibles, pero como tales deberían ir más allá.
Tendrían que exponer de qué modo interpretan la actual realidad económico-social de la Argentina y cuáles han sido los factores que produjeron esta crisis que padecemos.
Porque pretender atribuir todos los males a la devaluación producida en el 2002 constituye un reduccionismo inadmisible.
Es cierto que la supresión de la convertibilidad de un modo tan brutal acentuó las dificultades de la sociedad argentina, pero esa sola medida no puede ser señalada como la madre de todas las calamidades.
Lo ocurrido en la década del ´90 tiene que ser analizado sin preconceptos e incluso, si se quiere ahondar aún más, hay que ir hacia el comienzo de la última dictadura.
Debemos mirar la película y no las fotos que algunos se empeñan en mostrar.
Por eso insistimos en la necesidad perentoria de que debatamos un modelo de crecimiento sustentado en la expansión de aquel complejo, sin desmerecer el aporte que puedan realizar otros sectores.
Hay quienes aspiran a convertir a la Argentina en un inmenso supermercado, con góndolas repletas de alimentos en calidad y cantidad.
Resulta imprescindible superar aquel concepto de haber sido el "granero del mundo" como si con esto bastara.
Si la demanda mundial de alimentos continúa al ritmo actual habrá que asumir el desafío desde nuestra propia capacidad para producirlos en condiciones satisfactorias.



