Acabo de terminar de leer "El desierto" de Carlos Franz.
Ha sido la ganadora del premio de novela: La Nación- Sudamericana 2005
La novela está protagonizada por Laura, quien a partir de una pregunta de su hija vuelve a su tierra y a su memoria.
La tierra es Pampa Hundida, casi un espejismo en el desierto de Atacama; su memoria es el otro desierto, dice Carlos Fuentes.
Laura ha sido la jueza más joven de su país. En Alemania estudió filosofía y ha escrito un celebre libro Moira, destino. Desde Berlín, antes de regresar comienza a responderle a su hija a través de una carta.
La respuesta y el viaje son una especie de descenso a los infiernos en el que Laura; intenta recorrer su historia personal con la historia social de Chile, a partir de la caída de Allende en 1973.
La lectura me despertó interés por el relato activo y el permanente interjuego entre el destino individual y el colectivo.
Nos vemos permanentemente tentados a tomar partido en la consideración social y hacer una lectura ideológica de las situaciones vividas por los personajes de la obra.
La novela se nos presenta a la manera de los relatos enmarcados, alternando el pasado que parecía destinado al olvido con el presente del regreso.
Se establece entre ambos tiempos una red en la que ambos, pasado y presente, expresan fuerzas antagónicas. Cada uno por si mismo no alcanza a sostenerse y necesita del otro. Como en una cinchada, cada uno tirando para su lado.
El profundo interés por pensar más allá me llevó a considerar los relatos de cada tiempo a la manera de las pulsiones: surgen como fuerzas instintivas a las que no se pueden detener. En suma el entretejido de los instintos de vida y de muerte.
El destino personal de cada individuo está íntimamente ligado con una red especial: la que conforman estas dos fuerzas que se co-pertenecen.
Una es bochinchera, se hace notar, tiende a unir. A ésta se la llama instinto de vida
La otra es muda. Trabaja en las sombras y solo sabemos de ella cuando padecemos sus efectos. El sadismo, la fuerza de destrucción y apoderamiento, dirigida al mundo exterior pueden ser consideradas expresiones de dicha fuerza. Se la llama instinto de muerte. De ella habló por primera vez Freud. Basado en consideraciones teóricas, apoyadas en la biología, esta fuerza intenta separar reconducir a los seres vivos a lo inerte de lo que alguna vez partimos.
Lo que sí sabemos es que una no puede existir sin la otra. Si la pulsión de muerte es mayor y más fuerte nos encontramos con desgano, falta de interés y de fuerza hasta al máximo de la muerte.
Si la pulsión de vida es mayor nos encontraremos con fuerza e interés para ocuparnos de las cuestiones de nuestras vidas.
Decimos que no está ninguna en estado puro y ambas son necesarias para la trama de la vida. El porcentaje que está presente en cada ser humano es único, depende de una multiplicidad de razones. Lo que sí sabemos: que a mayor cantidad de vida en nuestra trama, es más tupido el tejido que la representa.
Lic. Patricia Katz.
Para comentarios y sugerencias escribir a. caraoceca@hotmail.com



