Hay momentos de la vida que son relativamente apacibles y estables y se alternan con otros donde aparecen nuevas exigencias y demandas. Necesitamos un periodo de transición para reacomodarnos a los cambios y adecuarse a lo nuevo. Existen tiempos lógicos para desprenderse de una situación pasada y adaptarse a otra nueva.
Pero otras veces, como lo que percibimos hoy, donde nos levantamos todas las mañanas bombardeados con mensajes tales como que el panorama mundial nos esta reflejando la mayor de las crisis que jamás haya afrontado la humanidad. La política, la economía, lo social y como si esto fuera poco la gripe porcina, pareciera que todo esta en jaque. Aquello que nos daba ciertas certezas; si uno hace tal cosa sucede tal otra es como que de golpe se anulara todo lo aprendido. Pequeño susto, cuando lo que antes servia para explicar y resolver, ahora esas respuestas nos resultan ineficaces. Y a la vez, las nuevas alternativas nos llenan de temor y de desconfianza. A todos, sin excepción nos impacta de alguna manera. Estamos atravesados por la realidad y si pensarnos que estamos exentos, es una forma de desmentirla. Seria como ver lo que esta pasando, pero da tanto temor que en el mismo instante se hace de cuenta de que no es así, le pasa a los demás. Es esperable, y hasta saludable que ante el primer impacto que nos enfrentamos con exigencias que nos sobrepasan genere una reacción con estas características, pero si continua en el tiempo sucede como dice el dicho: cocodrilo que se duerme se convierte en cartera. Y por otro lado si uno se queda atrapado en los mensajes que anuncian catástrofes y pegados a un televisor, el temor se va acentuando hasta llegar un punto de que el miedo anula. En momentos como este podemos poner todas nuestras energías para no ver o utilizarlas para buscar otras salidas más creativas. Se que no es sencillo, pero como decía mi abuela a río revuelto ganancia de pescadores. Y alguien no tan genial como mi abuela como fue Albert Einstein definió a estos periodos como la mejor bendición, aunque usted no lo crea, que puede pasarle tanto a un país cuanto a una persona. Ya que a estas turbulencias las tomo como sinónimo de cambio y progreso. Quien atribuye a estos periodos sus fracasos es aquel que esta más del lado de los problemas que de las soluciones. Quien de estas situaciones tan desequilibrantes logra superarlas se supera a si mismo. Sin crisis no hay desafíos y sin desafíos no hay superación. Y vos lector, de que lado estas?
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