Buenos Aires (Especial para NA) -- ¿Fue hace un año o hace un siglo? El 17 de julio de 2008 el
mundo se les dio vuelta a los Kirchner. Las cosas no volverían a ser iguales desde que el vicepresidente Julio Cobos desempató en el Senado la votación por el aumento de los impuestos al campo, las engañosamente llamadas "retenciones".
Ese angustiado y casi inaudible "mi voto es no positivo, es en contra", fue un sismo cuyas remezones impactaron en cámara lenta hasta que hace tres semanas, el 28 de junio, el 70 por ciento del electorado ratificó su distanciamiento del Gobierno. Llegó la hora más amarga de Néstor Kirchner.
"No teníamos idea de qué iba a hacer Cobos. Habíamos tenido contacto con él, pero no sabíamos cómo iba a votar. Y nunca nos hubiéramos imaginado siquiera en la situación de empate", cuenta hoy Luciano Miguens, entonces presidente de la Sociedad Rural.
"Cuando el 36 a 36 apareció en la pantalla fue todo festejo. Pero había que esperar el voto del vicepresidente y realmente no sabíamos qué iba a pasar", confiesa.
Él, como casi todos los dirigentes agropecuarios, era pesimista: "No pensé que el vicepresidente iba a tener en cuenta el reclamo, aunque sabíamos que tenía una opinión a favor de la necesidad de que el campo fuera atendido. Fue muy positivo lo que hizo. Ese voto fue enormemente positivo", rememora hoy.
Desde ese julio de 2008 a la fecha la Argentina ha vivido una saga de episodios que son claramente positivos, la palabra que Cobos puso de modo. El Congreso recuperó un papel que los Kirchner habían pulverizado hasta lo imposible y el país rural sacó sus conclusiones: "estábamos históricamente acostumbrados a recurrir al Poder Ejecutivo con reclamos y propuestas, pero nunca lo habíamos hecho de la misma manera con el Poder Legislativo. Es un espacio que habíamos dejado de lado. Y lo digo como una autocrítica", admite Miguens, cuya carrera política ahora es evidente.
Pero la serie de aprontes y diálogos inaugurada por el Gobierno con los partidos opositores y las entidades empresarias es apenas un comienzo. Los dirigentes de la producción agraria desconfían de la convocatoria oficial.
Eduardo Buzzi repudia que siga en el Gobierno el vituperado Guillermo Moreno y los duros reclamos de los productores del sector lácteo son clamorosos en por lo menos cuatro provincias. La Mesa Nacional de productores de leche resolvió medidas de lucha para lograr "un precio más justo" por el litro de la materia prima, que se ejecutan en Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe y Córdoba.
El actual titular de la Sociedad Rural, Hugo Biolcati, subraya que "urge implementar medidas urgentes para revertir la crisis", que incluyan "el nivel de recuperación de reembolsos" con que contaba el sector.
Tras una reunión de los dirigentes agropecuarios con lideres de las fuerzas opositoras, se convino en impulsar un proyecto para reformar la ahora súper cuestionada Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario (Oncca), una fortaleza del kirchnerismo más duro desde donde se regula y restringe el comercio de lo que produce el campo.
Si bien Biolcati celebra el comienzo de "una lectura más realista" por parte de la Casa Rosada respecto de lo que mostraron las elecciones del 28 de junio, no hay grandes esperanzas en el ector. Los cambios en la cuota Hilton le dan todavía más poder al jefe de la AFIP, que retuvo el control verdadero de la temible ficina Nacional de Control Comercial Agropecuario (Oncca), una casamata kirchnerista.
La respuesta agraria es nítida: "Siguen desguazando la Secretaría de Agricultura y haciendo crecer el poder discrecional de la Oncca. Si eso es el principio de un diálogo, empezamos al revés".
Más expectativas, en cambio, suscita, hipotéticamente, la apertura de la Casa Rosada a una oposición a la que se la mantuvo marginada durante seis años. Cristina Kirchner recibirá pasado mañana al jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, y el ministro
Florencio Randazzo recibirá esta semana a los representantes parlamentarios de Unión-PRO, Francisco de Narváez, Federico Pinedo y Felipe Solá.
Tuvieron que padecer la debacle política de los comicios para darse de que en el país quienes no simpatizan con el Gobierno son hoy una neta mayoría.
La Presidenta ahora acepta que busca un diálogo plural y democrático, aunque el borrascoso Aníbal Fernández opta por un perfil mucho más "nestorista" y peleador, pese a que ya irá girando hacia una reinvención de sí mismo.
El mismo personaje que calificó de "burros", ignorantes y perezosos a los líderes de PRO y al ahora victorioso peronismo
anti-K de la provincia de Buenos Aires, se las ingeniará para calzarse el traje de estadista. Al fin de cuentas, el Jefe de
Gabinete es un sobreviviente político profesional y desde que Eduardo Duhalde lo llevó a la Casa Rosada, en enero de 2002, no se ha desprendido del aparato del poder.
Las palabras de Pinedo exhiben el tiempo diferente que se vive, lejos de las alucinaciones del oficialismo, que durante un año y medio anduvo trastabillando, con pesadillas de ser víctima de un golpe "destituyente". Dice el diputado porteño que "tanto la oposición como el oficialismo hemos manifestado que estamos dispuestos a salirnos del blanco-negro, del sí o no, para buscar caminos intermedios que sean razonables y aceptables para una mayoría sustancial".
Es curioso y hasta paradojal, pero mientras que el electo diputado Pino Solanas alegó "cuestiones de agenda" para no aproximarse esta semana a la Casa Rosada, luego de la llegada a Balcarce 50 de los dirigentes del Acuerdo Civico y Social, ingresarán ahora los rivales del propio "palo". Ver para aceptar: la foto de Solá y el "colorado" Narváez en la Rosada se cotizará mucho.
Hay incluso kirchneristas de lealtad incombustible que han crecido mucho por su sensatez y saludable realismo, como el jefe de la bancada del Frente para la Victoria en la Cámara de Diputados, Agustín Rossi, quien ha declarado que el 28 de junio la gente dijo "basta de intolerancia" y que una lectura correcta de ese mensaje es lo que ha llevado al Gobierno a la búsqueda de consensos.
Explicó que pese a que el oficialismo retiene la mayoría circunstancial desde acá al 10 de diciembre en el Congreso, "no vamos a ir en búsqueda de victorias pírricas para hacer valer esa mayoría, sino que queremos construir los consensos necesarios para que el país pueda transitar sin ningún tipo de sobresaltos los próximas años".
Nadie hubiera dicho el 19 de junio, hace apenas un mes, que un oxígeno tan fresco y sanador pudiera colarse por los pasillos del poder. ¿Será una modificación irreversible o habrá que esperar la recaída?.



