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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 11/oct/2009 de La Auténtica Defensa.

El camino al futuro
Por Sebastián Abella y Sergio Roses




 

En una columna anterior habíamos definido al potencial de una Nación en función de siete tipos de "stocks", entre los que incluíamos lo que usualmente se denomina "capital social". Hoy nos queremos referir a algunas precondiciones para que podamos "realizar" ese potencial. Nuestra historia ha sido una puja constante entre lo que éramos y lo que podíamos ser. La Argentina soñada y la argentina posible que de alguna manera discutían Sarmiento y Alberdi en aquellos debates fundacionales que nos legaron a través de su correspondencia epistolar (Véase "La gran polémica nacional", Leviatán, 2005).

En materia de desempeño y potencial es posible trazar un paralelismo entre las sociedades y los individuos. El desempeño y el potencial de un individuo suelen ser conceptos complementarios uno del otro. Por ello se trata de conceptos distintos. El desempeño mide el comportamiento de la persona en un período de tiempo determinado, en relación a una meta. El potencial, en cambio, nos dice lo que esa persona puede llegar a hacer en el futuro. Es aquello para lo que el individuo está calificado, su aptitud, su frontera. No es producto de una ciencia pero, no obstante, es una evaluación fundamentada en criterios racionales derivados de la observación. Es, en definitiva, una predicción.

El potencial de Argentina, está en algún punto del futuro, esperando que vayamos por él. Nuestros mejores sueños nos esperan, inalterados. La decadencia del presente es consecuencia de nuestros errores y falencias, no de un destino de fracaso. Nadie pierde el tren de la Historia para siempre, sino miremos a España e Italia o, más cerca, a México, Brasil y Chile. Para ponernos definitivamente en marcha debemos generar, eso sí, algunos cambios radicales a la forma en que hoy concebimos la vida privada y pública.

Uno de esos cambios debe pasar por una revalorización del esfuerzo. La creencia de que nuestro esfuerzo diario, aún en cosas que no dan un resultado inmediato, debe ser un componente fundamental de nuestra búsqueda. A ella debemos agregarle un interés genuino por el legado que dejaremos a las generaciones que nos sucederán. Para completar, debemos encontrar una forma religiosa de ver la vida. No importa desde qué religión abordemos el tema (si alguna), lo fundamental es creer efectivamente que hay algo que nos trasciende. En la tradición judeo-cristiana esto implica dos nociones entre sí complementarias: por un lado, la noción de que no debemos dejar para mañana lo que podemos hacer hoy, porque nadie sabe cuando llegará su día (debemos tener la menor cantidad de "temas abiertos" para cuando ello suceda). Por otro lado, si hay "algo" más allá de la vida, entonces no todos nuestros esfuerzos deben materializarse en nuestra vida o, inclusive, en la de nuestros hijos.

El premio Nobel Amartya Sen, vale aclararlo, es una persona no religiosa. Sin embargo en "Development as Freedom" señala que independientemente de si uno es o no una persona devota, la creencia de que debemos ser responsables por lo que sucede en nuestro mundo es una fuerza fundamentalmente positiva, que nos ha de permitir, a través del compromiso social, cambiar el mundo que vivimos.

En suma, si nuestros esfuerzos hacen una diferencia porque permiten cambiar la realidad que vivimos, si además no nos preocupa que no veamos los resultados nosotros, sino que nos reconforta el dejar un legado para las generaciones futuras, y si finalmente (en una visión, tal vez utilitarista) todo lo que hagamos "cuenta" para lo que hay después de la vida; entonces habremos solucionado uno de los problemas principales de los argentinos: la inmediatez.

Si nos manejamos con un horizonte de largo plazo y comenzamos ya a hacer el esfuerzo que demanda la tarea de "realizar" nuestra potencia, entonces comenzaremos a transitar el camino del desarrollo sustentable. Realizar nuestro "potencial" no es una posibilidad sino un deber. De alguna forma lo sostenía José de San Martín cuando decía "serás lo que debas ser o si no no serás nada". La idea del límite acompaña la vida de la mayoría de nosotros. Nuestro país está dotado de muchos recursos; de que los usemos adecuadamente depende nuestro legado hacia las futuras generaciones.


 
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