Surge esta idea de un grupo de vecinos provenientes de distintas filiación o simpatía política, que en el diario acontecer intercambian ideas, proyectos y pasiones referidas a la realidad mundial y de Argentina en particular.
¿Cómo alterar o darle forma a lo que es parte de un modo de vida habitual que transcurre en distintas y extrañables mesas de bares, instituciones, partidos políticos u otros ámbitos?
Surge así la idea del CLUB, entidades que recogen herencias características de la vida social, nucleadas en torno a un objetivo que abarca las más diversas ramas.
Un "club" nos representa, pero al mismo tiempo tiene la virtud de encarnar, junto al objetivo específico, aspectos de los más variados y diversos. Sus directivos nos administran y procuran ampliar sus horizontes, pero no son nuestros jefes, ni sus opiniones nos involucran y si eso sucediera, siempre hay muchos recursos para marcar los limites de la representatividad que ejercen.
Podríamos seguir abundando en las ventajas incomparables de estas instituciones, pero nuestra experiencia y con seguridad la de muchos de haber formado o formar parte de un club, nos exime de comentarios.
¿Por qué PROGRESISTA? ¿Existe el Progresismo? Es evidente su relación con la palabra Progreso, usada diariamente en muchos sentidos, pero más allá del debate filosófico el término alude a una simple constatación, que dicha en términos coloquiales significa ESTAR MEJOR. Despejando las lógicas individualidades, tiene un claro exponente colectivo, que se obtiene diciendo "todos estamos (o estuvimos) mejor".Progresista es por definición toda corriente político- ideológica que busca el progreso social y económico del país Distintas generaciones le dieron valores diferentes a estas cuestiones, la de creer que el progreso era lineal e ininterrumpido, o la de pensar que está sujeto a marchas y contramarchas de la historia. Pero el hecho vital, es que siempre hubo protagonistas individuales o colectivos que empujaron y dirigieron estos procesos. Lo cual nos lleva a afirmar que nuestro papel y el de nuestra especie, ha sido poner la voluntad y nuestro trabajo en la tarea. La historia no va para ningún lado, si los hombres no la hacemos ir.
Relacionado con este punto, podemos decir que el progreso individual o corporativo ha demostrado sus fracasos y el agotamiento de ese pensamiento, en la construcción de las naciones. El mapa mundial nos demuestra diferencias de tal magnitud entre unas y otras, donde los beneficios están ultras concentrados y los perjuicios transitan el camino opuesto, que no existen soluciones parciales a los problemas que aquejan al planeta y a nuestra forma de vida, sin políticas de conjuntos. No hay soluciones en escalas regionales o nacionales sin el marco de la actual etapa de globalización, que ya exigen remedios y proyectos a escala planetaria.
Insertar a la Argentina en el mundo obliga a repasar, algunas de sus características más destacables. Ya que la primera evaluación que tenemos que hacer para no engañarnos, es si es factible desde nuestro país pensar en proyectos en los cuales nuestra escala, los permita posibles. Pensamos que el mapa político del mundo imposibilita este objetivo para algunas naciones. Existen suficientes constataciones que evidencian que este no es el caso argentino. Sin que implique exclusiones, veamos:
- El sufragio universal, secreto y obligatorio;
- La producción agropecuaria y agro-industrial;
- Notable desarrollo de la industria liviana, automotriz y pesada especializada;
- Desarrollo de un poderoso sector terciario incluyendo el Estado como determinante entre ellos;
- Un sistema educativo extendido en todo el país, de excelencia científica en algunas áreas, con predominio estatal y participación privada;
- Un sistema de salud a través de obras sociales con predominio estatal y gremial y con participación privada;
- Clara hegemonía de una poderosa central única de trabajadores, con gremios combativos disidentes, pero a su vez unificados;
- Un sistema de representación política basada en los partidos, que atraviesan una profunda crisis de identidad ideológica, sujetos a previsibles cambios en el mediano plazo;
- Existencia de fuerza de seguridad en todos los niveles y de fuerzas armadas en proceso de profesionalización;
- Un territorio de gran variedad geográfica y climática, predominantemente urbano, con una población de diversidad cultural, pero con grandes rasgos de extensión homogénea.
Esta simple enumeración debiera permitir la construcción de modelos de acumulación y de planes de desarrollo.
Sin embargo, la Argentina es un país pobre, periférico o sub-desarrollado, atrasado y sin abundar en consideraciones u opiniones, con cargas muy pesadas.
Es muy obvio, para nosotros y para la mayoría de los especialistas del mundo, que la relación (ecuación) existente entre posibilidades energéticas (recursos naturales + producción científica) y las condiciones de vida existentes, hacen de nuestro país uno de los más notables por su incompetencia o intereses que traban la resolución de esta cuestión.
La respuesta es más que evidente, no existe ni existió el desarrollo integral y espontáneo, en ningún país del mundo. El desarrollo no lo hace la naturaleza, si fuera por ella, Nigeria sería extraordinaria y Japón miserable. El desarrollo no es un vegetal que crece a alto rendimiento por "siembra directa" o por tener una de las praderas más fértiles del mundo, que posibilita una tasa diferencial agraria. Es el resultado de una movilización de recursos humanos y materiales en pos de un objetivo. Donde se combine, educación, ciencia, industrias y múltiples disciplinas, con un proyecto con metas y plazos precisos.
Superar el atraso histórico que tenemos en relación con el Centro Capitalista desarrollado, es uno de los objetivos posibles que Argentina puede alcanzar. Existe una posición que piensa que se puede alcanzar este objetivo, potenciando la acumulación económica de los sectores con mayor capacidad en la generación de excedentes y rentas extraordinarias. Son ellos, los principales ordenadores de la relación capital-trabajo y los dominantes en el circuito de circulación del capital, en sus diferentes formas. Esta teoría es la del "efecto derrame", que concluye en que esa cuestión traerá aparejado el bienestar de toda la sociedad. Su estrangulamiento teórico y práctico, que evidencia intereses sectoriales, se dá en la imposibilidad de poder satisfacer las necesidades inmediatas, muchas veces acuciantes, de toda la sociedad. Como en su visión no existe transferencia de ingresos desde su sector al conjunto social, más allá de ciertas inversiones que potencien su propio negocio, se encuentran en un camino sin salida frente a los reclamos o demandas existentes. Por eso, el camino de estos sectores para la resolución de la cuestión, ha sido siempre el endeudamiento externo o la represión autoritaria. O como hemos visto, ambos combinados.
Por el contrario, el pensamiento progresista considera que el desarrollo sólo es posible, con transferencia de capitales originados en rentas extraordinarias, que junto a otros provenientes de organismos de créditos, sean puestos como herramienta central de un plan integral de desarrollo. Este plan tendrá aportes públicos y privados, pero debe ser impulsado y armonizado desde el Estado. Es una necesidad interna de este proyecto, resolver desde sus comienzos el tema de la distribución del ingreso en la población.
Existen numerosas experiencias que demuestran que esto es posible. Sobre estas bases te invitamos a escuchar, proponer y participar, sobre temas de interés a esta cuestión, sin renunciar a tus convicciones, ni identidad política, con el objetivo de debatir temas estratégicos para la nación, la provincia, la región y el municipio.
Es nuestra convicción que el progresismo y su idea fuerza, no es patrimonio de ningún partido, aunque reconozcamos aportes sustanciales de algunos, pero su concepción se encuentra repartida en la voluntad de muchos.
Te esperamos.
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