El ex piloto argentino de motocross Iván Pisarenko llegó ayer al Obelisco porteño en moto tras casi cuatro años de viaje, como parte de un raid por América. Horas antes fue recibido por un grupo de moteros de nuestra zona en una estación de servicio ubicada a metros del peaje de Lima. Antes del mediodía paso por Campana.
El recorrido comenzó en la ciudad estadounidense de Seatle, el 20 de mayo de 2005, desde donde se dirigió a Alaska. Allí, el 24 de junio del mismo año inició el recorrido para unir el norte y el sur del continente. Es que el joven de 32 años, nacido en Buenos Aires, prevé llegar a Ushuaia.
Durante estos cuatro años Pisarenko experimentó diversas vivencias en su extenso viaje y debió sortear complicaciones. Días atrás, un problema en la documentación de la moto lo obligó a quedar varado en La Quiaca, donde le secuestraron el vehículo.
Si bien el joven había planeado que su aventura dure nueve meses, los tiempos se fueron prolongando. Su odisea ya lleva cuatro años.
"No llevo la bandera de la paz, no soy la voz de ninguna organización política o económica, ni por los derechos humanos. Lo hago por mis ganas de conocer los confines de un continente donde milenarias culturas indígenas se mezclan con la tradición europea", señala Pisarenko en su página web al explicar los motivos de su travesía.
El motociclista, ex piloto de motocross, afrontó numerosos desafíos durante el viaje, como en Ecuador, donde lo arrolló un automóvil y debió permanecer seis meses sin caminar por una fractura de pelvis.
"Mis primeras lecciones fueron aprender a estar solo, controlar y enfrentar mis miedos. Esto es la universidad de la vida en donde uno aprende lo inimaginable", resaltó.
Pisarenko también debió sortear la falta de dinero, aunque trabajó en todos los países que estuvo para sostener su aventura, que finalizará en la ciudad de Ushuaia, en el extremo sur de Argentina, donde planea llegar a finales de noviembre.
El ex estudiante de Derecho pensaba en un comienzo completar su derrotero en nueve meses, pero lo desafíos que encontró por el camino hicieron que multiplicara el tiempo estimado.
"Cada kilómetro que recorro me siento más feliz. Tanto que por las noches, cuando después de un día agitado me dispongo a dormir, doy vueltas mirando las estrellas sin lograr conciliar el sueño", enfatizó el argentino durante su travesía.
Pisarenko junto a su perra -que trajo de Peru- en su moto sobre la Panamericana.



