Luego de la derrota electoral del oficialismo en Junio pasado, el gobierno nacional se empeño en hacer como si nada hubiera sucedido. En un intento por aprovechar al máximo un Congreso afín el kirchnerismo se aboco a dar curso a controvertidas iniciativas que no podrían haber prosperado con el Congreso que asume el 10 de Diciembre. Las características comunes de estas iniciativas eran que tenían por blanco a quiénes el gobierno consideraba sus enemigos, notablemente a la prensa independiente.
La lógica aplicada contra el periodismo es la misma que la aplicada a las estadísticas del INDEC: matar al mensajero. Mientras tanto la realidad (el desgobierno, la falta de gestión) seguía su curso sin que Argentina tuviese gobernantes enfocados en solucionar sus problemas.
Es una curiosidad que políticos con tanto empeño y habilidad en gestionar el poder sean tan ineficientes para solucionar los problemas de los argentinos (enfriamiento de la economía, finanzas insostenibles, brecha social creciente, etc.). El analista Rosendo Fraga atribuye esta conducta a un tema psicológico antes que político. En un país con instituciones débiles y presidencialismo fuerte, un gobernante (o su conyuge) puede hacer estragos. Eso es lo que ha estado haciendo el gobierno nacional. Frente a todos embates y los excesos del poder kirchnerista la prensa independiente ha sido, en general, cautelosa. Sin embargo, esa brecha ha comenzado a ser cubierta por la minuciosa investigación periodística de Luis Majul en su reciente libro "El dueño".
Un Congreso más plural, y una prensa sin mordazas son los signos de un nuevo tiempo. Podemos tener un moderado optimismo por el futuro. Es moderado porque los problemas se siguen acumulando, y el foco del oficialismo (casi ausente de la gestión) es improbable que se modifique a esta altura. Serán dos años donde la oposición deberá demostrar la madurez que la política argentina no ha tenido desde la restauración democrática.
Como no podemos espera moderación del oficialismo solo la oposición en su conjunto puede contener la situación política del país. La habilidad de la oposición para gestionar acuerdos sobre temas fundamentales a partir del 10 de Diciembre es lo que nos va a permitir inferir si luego de 2011 la Argentina estará en condiciones de ser un país normal (categoría de la que nos hemos despegado respecto del grupo de países integrado por Brasil, Chile y Uruguay).
En materia local sucede algo parecido. Si bien el oficialismo ha tenido un estilo muy distinto del Frente para la Victoria que integra (menos confrontativo y hasta más dialoguista a pesar de que su iniciativa de diálogo político quedó sepultada por sus propios problemas internos), el Concejo Deliberante será dominado por la oposición. Se abre aquí también una oportunidad para que las todas las fuerzas políticas que tenemos representación (incluido el oficialismo) podamos demostrar esa cuota de madurez y civilización que tanto ha faltado en Argentina. Tanto a nivel nacional como a nivel local lo que estará en juego no es el 2011 sino lo que pasara después: poder demostrar que gane quién gane el que venga luego no intente refundar las cosas sino que construya sobre lo hecho por su antecesor. El camino del desarrollo no se alcanza con un buen gobierno sino con una serie de buenos gobiernos.



