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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 24/ago/2003 de La Auténtica Defensa.

Elecciones: ¿Timón a la izquierda o timón a la derecha?




Buenos Aires (Especial para NA por Luis Torres) -- La elección de este domingo en la Ciudad de Buenos Aires puede convertirse en la piedra angular de lo que se conoce como "proyecto Kirchner", o bien puede constituirse en un proyecto diametralmente diferente y hasta opuesto al del presidente de la Nación.

La magnitud del distrito, la cantidad de fuerzas que compiten, la irrupción de nuevas figuras hasta ahora ajenas a la política como la de Mauricio Macri, convierten al comicio en un eje político que puede expandir su fuerza hacia uno u otro proyecto.

Para el Gobierno Nacional no hay nada más importante ni más crucial, desde luego hablando de política, que la elección de este domingo.

¿De qué se trata el "proyecto Kirchner"? Es una cosmovisión de centroizquierda basada en lo que se conoce como "transversalismo", es decir, la captura de figuras y voluntades de los distintos partidos, fuerzas y organizaciones sociales que se complementa en lo económico con una fuerte presencia del Estado en materia de asistencia social, de empleo, de obra pública y de la educación.

Esto es, a grandes rasgos, el proyecto del presidente de la Nación.

Tan crucial es esta elección que, según cuentan en las cercanías de palacio, el presidente convocó con bastante mal humor a su Jefe de Gabinete, Alberto Fernández, para reclamarle que estaba "demasiado metido en la campaña de la Capital" y que estaba "desatendiendo sus deberes como Ministro".

--"Si vos querés", le contestó Fernández, "renuncio ya mismo y me dedico a trabajar en la campaña de Ibarra para que triunfe tu proyecto político".

Resulta obvio que la sangre no llegó al río y que se trató más de una conversación de amigos que de un reclamo del jefe al empleado.

En los últimos días de la campaña, el propio presidente jugó con toda su fuerza las últimas fichas a favor de Aníbal Ibarra compartiendo con él una tribuna en la Villa 21.

Esto fue interpretado de dos maneras: que el presidente cumplía con la palabra empeñada, o bien, que los números de las encuestas no lo estaban acompañando demasiado holgadamente al Jefe de

Gobierno porteño y, por lo tanto, necesitaba el empujón de Kirchner, el hombre con mejor imagen de los últimos tiempos, porque llega casi el 82 por ciento de opiniones favorables.

En caso de que, como todo el mundo pronostica, haya una segunda vuelta y, finalmente se imponga Ibarra, el proyecto político del presidente tendrá un redoblado vigor con vistas a su anhelado "renacimiento y refundación" de la Argentina.

Pero, en caso de fracasar Ibarra y de imponerse el ingeniero Macri, comenzará el resurgimiento de una cosmovisión de centroderecha con apoyo en ideas liberales, impulso a las privatizaciones y a la desrregulación y, como contrapartida, el Estado es visto más como orientador o regulador que como activo participante de la vida social y económica nacional.

En esta línea se inscribe el candidato misionero Ramón Puerta y algunos otros dirigentes del interior que compiten por algunas gobernaciones como el caso de Juan Carlos Romero que lo hará próximamente en Salta.

Aquí es donde hay que inscribir la fuerte fricción entre el presidente y su vice Daniel Scioli.

Uno de los hombres más cercanos a Kirchner y que, entre otras cosas, le aportó una abultada cantidad de votos en al última elección, analizó así lo que ocurrió entre ambas figuras nacionales: "El presidente no cree que haya habido una conspiración en su contra encabezada por Scioli, pero cree que lo que hizo y dijo no ha sido inocente".

Es decir que Daniel Scioli, para Kirchner, habría estado trabajando para su propio proyecto político en desmedro del proyecto del presidente.

Cuando Kirchner maltrataba a lo empresarios en Europa, Scioli los recibía acá en Buenos Aires.

Cuando Kirchner planteó su política de Derechos Humanos, Scioli planteó su discrepancia y dijo aquella famosa frase "los países serios no anulan leyes", tal vez, inspirado en el punto de vista de Eduardo Menem, de Antonio Cafiero y de Mabel Müller quien votó a favor de la anulación de las leyes, pero reconociendo que lo hacía "porque me lo pidió Duhalde".

Los países imaginados por Kirchner y Scioli son distintos. ¿Qué si la confrontación terminó? Difícil es responder esta pregunta afirmativamente porque cada uno de estos actores posee su propio temperamento, sus ritmos políticos y sus velocidades, pero, tal vez, tanto uno como el otro escuchen el consejo de ese viejo zorro de al política que es Eduardo Duhalde quien les ha pedido "terminar con al pelea".

Si vemos ganar a Ibarra, veremos a un Scioli más aislado. Si vemos ganar a Macri veremos a un Scioli más consolidado y esto será el peronismo del futuro inmediato, uno que irá de la mano del "proyecto Kirchner" y otro que irá de la mano de toda esa lista de dirigentes que se oponen a la visión política del Jefe de Estado.

Este ángulo de interpretación tiene un gran correlato en la cuestión económica que lleva con ritmo sostenido Roberto Lavagna quien mantiene una relación con el presidente sin fisuras.

La estrategia económica es lograr sellar un acuerdo con el FMI el próximo 9 de setiembre.

El primero y el dos de setiembre las autoridades técnicas del Fondo distribuirán el texto del acuerdo entre los gerentes y una semana después se espera el anuncio de su aprobación.

Esto significa que la Argentina posterga por tres años el apoyo de los vencimientos que tiene con los organismos multilaterales de crédito y además se compromete a iniciar la negociación definitiva con los acreedores externos.

El secreto mejor guardado de Lavagna es cuánto podrá ahorrar la Argentina para pagarle a los deudores y salir del default, pero hay algunas cosas más que la semana próxima tendrán cumplimiento.

Quedará sancionada definitivamente la Ley que le permite al Gobierno renegociar los contratos de las empresas de servicios públicos y fijar tarifas.

También tendrá sanción la Ley que reforma la carta orgánica del Banco Central que le permite al tesoro nacional girar fondos al exterior y, como tercer elemento decisivo para el acuerdo con el FMI, aguarda su momento el proyecto de Ley antievasión que le permitirá al Estado una mejor recaudación fiscal.

Con estos elementos en la mano, Roberto Lavagna tal vez muestre una carta de triunfo imbatible. En caso de que los trámites y las negociaciones entre Argentina y el Fondo obliguen a postergar la firma del acuerdo, el Gobierno de los Estados Unidos le habría hecho saber en forma muy reservada que puede contar con una "ayuda adicional" para que Argentina haga frente a su compromiso de setiembre por tres mil millones de dólares con el FMI.

Es decir, sería una especie de "préstamo puente", una práctica en desuso, pero que Washington podría desempolvar para sostener a la Argentina y evitar un doble default.

Piensan en Washington que una situación de esta índole podría afectar a Brasil desencadenándose una cesasión de pagos de la administración Lula que generaría un grave desequilibrio en la región.

Por eso piensan en la eventual ayuda, y por eso Kirchner navega tranquilo por las aguas económicas sabiendo que el acuerdo está prácticamente cerrado y que el crecimiento del PBI en Argentina se proyecta en un 5,5 por ciento para este año, mientras que para el 2004 ya se está hablando de entre un cuatro y un cinco.


 
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