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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 27/dic/2009 de La Auténtica Defensa.

Una historia de vida, para leer en estos días:
El sendero más profundo
Por Nora Basualdo Esteban




textosjaznobas@yahoo.com.ar

Cuando conoció al hombre de su vida y lentamente se fue enamorando; creyó que la vida seria muy diferente para ella, desde ese preciso momento.

Durante años de noviazgo, él le demostró que la amaba incondicionalmente. Aunque siempre en ella se anteponía la duda que le taladraba la mente; sí en algún momento, él se alejaría huyendo de sus secuelas físicas.

El día que ingresó a la iglesia; su esposo sorprendido la observó inmensamente feliz, mientras ella se deleitaba con un momento que ni siquiera había pensado vivir.

Tres años después, aunque ella dudaba desde su adolescencia que sus secuelas físicas le impedirían ser madre; recibió la bendita e imprevista noticia, que pronto sé convertiría en madre.

Meses de emociones ambiguas; diversos estados de ánimos ciclotímicos y temores naturales de principiante se apoderaron de ella. Crecía su vientre y sus sentimientos de madre, al percibir los tiernos movimientos del inesperado ser, que engendraba en sus entrañas. Lágrimas de felicidad y de angustia en los meses de reposo, compartidos con el perseverante apoyo emocional de su amada madre y el fiel esposo, fortalecieron su fe.

Se le estremeció la piel, cuando su hija llamada Jazmín, posó su tierno cuerpo sobre su pecho por primera vez. En ese instante sintió palpar el cielo con las manos. Meses de felicidad se adueñaron de ella, estaba a su lado el hombre que la amaba y la hija que tanto había anhelado.

Tiempo más tarde, lamentablemente se dio cuenta que la vida solo le había dado un respiro; de los médicos y numerosos estudios tediosos.

Su mundo de felicidad comenzó a derrumbarse ante sus ojos. Sus manos ya no podían satisfacer las necesidades de su hija; sus piernas se debilitaban poco a poco; los dolores físicos la alejaban de la realidad y el peor pensamiento que le apuñalaba el pecho era: -¡Hasta cuando!-

La confirmación de su enfermedad incurable perforó hasta sus bríos. Difíciles momentos se precipitaron; espontáneas internaciones en terapia intensiva; un estricto tratamiento médicos eran parte de su vida y de su familia. La pronta partida de su madre acrecentó su enfermedad.

Lentamente se sumergía en un laberinto de interrogantes: -¿Por qué a mí?-, -¿Cuánto podré soportar?- , -¿Por qué la vida es tan injusta?-. Pero esas preguntas se paralizaron en su mente el día que su hija, siendo tan solo una niña, de tan solo tres añitos, espontáneamente le pregunto: -¿Mamá aunque estésss enferma, estasss feliiizzz?-. Observando la expresión de su rostro, pareció que los músculos de la garganta se les contrajeron al instante y solo atinó a responderle: -¡Si vos sos feliz, yo siempre lo seré!-; luego su hija le sonrió y despidiéndose con un beso en la mejilla se marcho con su papá hacia el colegio.

Esa tarde le pareció eterna, a pesar de padecer algunos dolores físicos, por los recientes estudios clínicos que le habían realizado; su mente transitaba por diversos lapsos de su vida.

A la noche, luego de haber meditado hasta el anochecer, decidió proponerle a su esposo e hija, partir de paseo unos días en familia. Aunque ambos se sorprendieron aceptaron muy contentos.

Ese fin de semana, prepararon el equipaje, y se dirigieron rumbo a la provincia de Córdoba. Mientras el auto transitaba por la ruta, cada paisaje se tornaba asombroso ante sus pupilas.

Detuvieron el auto sobre la carretera para contemplar de otra manera el horizonte ubicado en las afueras de la ciudad de Córdoba.

Mientras los demás se entretenían filmando la perspectiva natural; ella sorpresivamente percibió por su espalda el roce de una brisa templada. La primera reacción involuntaria fue mirar hacia atrás, dirigiendo la vista hacia un angosto sendero naturalmente custodiado por dos añosos árboles.

Al observar detenidamente el sendero parecía emanar una energía enigmáticamente atrayente. Una extraña sensación se apodero de ella, estimulándola a ingresar en el mismo.

Esa sensación parecía haber desvanecido las angustias de su espíritu, que a pesar de sus dibujadas vacaciones, ese equipaje no había conseguido abandonarlo en su hogar. La percepción de esa energía mística, daba alivio a sus dolores físicos que padecía en ese momento, como consecuencias de tantas horas de viaje.

Dubitativamente se detuvo cerca de los árboles y posó su mano sobre sus raíces, para luego dejar caer su cuerpo. A los seis minutos elevo su vista para leer un cartel con una leyenda: "Este sendero los conducirá hacia nuestra cabaña donde encontrara lo que usted busca, somos artesanos", al instante recordó el comentario de una amiga, que había transitado por el mismo lugar el año anterior; sobre un atajo que conducía a la cabaña de un matrimonio de ancianos que se relacionaban con los turistas, ofreciéndoles artesanías autóctonas de la región.

Lentamente su cuerpo sintió la necesidad de elevarse para iniciar la caminata hacia ese sendero.

Luego de caminar unos cuantos minutos divisó la cabaña. A pocos metros en el jardín había un viejecillo de cabellera y barba blancuzca sentado en un sillón antiguo de madera, entablando un dialogo con una señora. A medida que se aproximaba a ellos, como los susurros de la conversación los oía cada vez más nítidos y decidió permanecer detrás de un sólido matorral.

Mientras los observaba, advirtió como la mujer miraba respetuosamente al viejecillo que le decía: -¡Tu podrás encerrar los misterios que ellos pocas veces pueden deducir; pero soy yo quien los guía día a día!- Ella le respondió: -¡Tienes razón, pero muy pocos logran darse cuenta que soy yo quien a veces juega con ellos y cuando algo no sale como lo desean, siempre el injusto eres tú!- Al instante, el anciano le replica seriamente: -¡Nunca olvides que sea como sea, siempre llego a su alma y ellos tarde o temprano tomarán conciencia, que sin importar el tiempo apaciguaré sus sufrimientos con mi manto espiritual !-

Entonces, ella le refuta: -¿Si tanto los proteges, porque no intervienes ante las adversidades que se intercede en sus caminos por ejemplo una enfermedad?- Él le responde: -¡Solo debo actuar en el correcto momento, ellos necesitan un período para reflexionar y para requerirme, si fuera tan fácil nunca deducirían la misión de su existencia!- Ella le contradice: -¡Muy pocos llegan a razonar su misión y mucho menos los materialistas, aquellos con los que más juego, porque ante un infortunio, toman conciencia que lo material pasa a ser efímero!-

El anciano, mostrándole una llave color blanca resplandeciente, le expresa serenamente: -¡Aunque muy poco logran divisar esta llave, saben que en mí siempre la hallarán!-

En ese instante reina un plácido silencio y repentinamente, en pocos segundos, el anciano estaba tan cerca de ella, dejándola atónita. La miró angelicalmente y entregándole una llave le expresa: -¡Esta es la llave que espiritualmente necesitas, en tus manos esta la decisión como la utilizarás!- Mientras su mano sujetaba la llave, él se aleja y ella observa como se despide de la mujer diciéndole: -¡Otro día continuaremos la charla, señora llamada Vida!- Ella le responde: - ¡Cuando usted lo desee, siempre abundan oportunidades para cruzarnos, señor llamado Dios! -

Luego de escuchar dichos nombres, involuntariamente ella esboza una leve sonrisa; al mismo tiempo que su mano derecha sostenía la llave, la anciana se acerca e insiste en reclamársela, justificándose que le pertenecía. Cuando solo retumbaba en sus oídos la frase "quiero esa llave"; de repente con un pequeño sacudón de hombro, su hija logra despertarla reclamándole la llave del auto, para escuchar la radio.

Sumergida otra vez en la realidad, luego de haber experimentado en ese árbol el ensueño que marcaría su vida; divisa a un matrimonio de ancianos que emergían del sendero. Mientras se acercaban hacia ella, tal fue la sorpresa cuando distinguió en la mano derecha del hombre, como sostenía un manojo de llaves blancas resplandecientes. Al pasar cerca de ella, la saludan cordialmente esbozándoles una picara sonrisa en sus rostros, quedándole la autentica sensación que sus facciones, eran idénticas a los seres místicos de su experiencia espiritual.

Al otro día tomó la decisión de llevar a cabo un proceso de cambios optimistas, para proporcionarle a su enfermedad una perspectiva más serena.

Tomó conciencia que la vida puede ser tan injusta como misteriosa; convenciéndose que depende solo de cada uno, la manera en que transitamos por el sendero espiritual. Aquel que nos conduce y nos ayuda a descubrir nuestros valores más profundos.

La autora es exalumna del Taller Escuela Mariano Moreno (TEMM), de Periodismo y Comunicación. Director: Ismael Garzòn


 
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