En 1934 (plena década infame), el genial Santos Discépolo denunció con letra de tango un escenario social donde los valores humanos se mezclan, se igualan y todo parece ser lo mismo. Al comparar la vida del siglo XX con la vereda irrespetuosa de los cambalaches, donde todo es igual y nada es mejor, con melancólica resignación reprocha conductas humanas como el que no llora no mama ó el que no afana es un gil. Así y con otras verdades, de manera simple, clara y descarnada, Discépolo desnuda situaciones de cambalache de valores, en la vida de los argentinos de ayer y de hoy
Algo de eso estamos viendo últimamente en Campana, donde parece que los peores hechos de confrontación política de los últimos tiempos, igualaron hacia abajo los valores de sus principales actores. Y si no retrocedamos un año atrás.
La defensa pública que un funcionario honesto hizo de los recursos de la cultura campanense, cuando denuncia la voracidad de un empresario del espectáculo allegado al poder, que con métodos de barra brava extorsionador pretendía pagos por favores políticos prestados, trajo consecuencias como la suspensión de una actividad comunitaria tradicional como la Rocca peatonal y el inicio de una escalada de confrontación política inusitada con dicho personaje.
La utilización de un arma de fuego contra la vivienda de la Intendenta, el repudio institucional y público al hecho y la investigación hasta hoy sin resultados de la justicia, ganaron las primeras planas zonales y llegaron a los medios nacionales.
De allí en adelante, la crítica despiadada, el ataque infundado, la amenaza de destapar ollas , el agravio familiar, el escarnio público, la arenga e incitación desde el medio de comunicación del empresario en cuestión, contra la figura y la persona de la Intendente Municipal, fue algo tan increíble y loco como cierto.
Esto y otros hechos, como la violencia física para ganar la calle, el daño de bienes, las denuncias y las lesiones personales desfilaron impunemente ante los ojos de los vecinos, que hasta de manera grotesca lo vieron y lo escucharon en el debate televisivo entre el barra brava extorsionador devenido en candidato y el diputado provincial devenido en testimonial kirchnerista.
Aunque luego el daño electoral fue solo para un sector, cabe pensar que todo lo ocurrido haya sido fruto de valores, métodos y criterios diferentes entre ambos.
Sea como que sea, a sólo seis meses de la elección, los medios publican y vemos con asombro. En una misma foto, la Intendente víctima de mil escarnios y un escopetazo y el funcionario honesto, compartiendo mesa, cena y brindis en nombre de la prensa local, con el barra brava extorsionador. Y en un mismo acto político, la Intendente, la familia agraviada, el diputado candidato testimonial, su heredero político, los cortesanos del poder, el barra brava extorsionador, sus socios políticos y otros enseres, todos muy sonrientes, cortando cintas, haciendo discursos, brindando por la unidad, y como si fuera poco, aplaudiendo y besando al gran opositor, que valga a saber con que interés se allegó a la vereda cambalachera y se mezcló como uno más.
¿Acaso los grandes socios de la política local se están cambalacheando? o tal vez sólo necesiten llevarse bien con la muchachada de la vereda irrespetuosa. Después de todo, esta demostró en la última elección, cuanto daño puede hacer o cuanto rédito puede dar cuando ejecuta el trabajo sucio del ataque y el agravio personal.
Mario Valiente
DNI: 8.399.766



