Campana, 5 de febrero de 2010
Sr. Director
De mi consideración: Solicito a Ud. publique esta carta en la Sección Correo de Lectores. Muy agradecida, saluda atte.
Cristina Colombo
A esta nota le sobrarán interrogantes y le faltarán respuestas porque, uno sabe, que a esta sociedad todavía le faltan respuestas a muchas situaciones de desamparo, olvido y exclusión. Muy a mi pesar me toca vivir, hoy, una de esas situaciones.
En el mes de noviembre de 2009, exactamente el 19, mi hija de 28 años, estudiante de la UBA y sin obra social sufre el agravamiento de una vieja lesión (tratada en su momento) en la rodilla izquierda. Obvio, recurrimos al Hospital Municipal San José, donde fue atendida correctamente por un profesional, quien obviamente, para dar un diagnóstico certero ordena una placa que se realiza ese mismo día, pero, que no pudo ser entregada hasta la próxima semana por haber terminado el médico su horario de atención. La placa no alcanzó para poder dar un diagnóstico y una resonancia magnética fue la orden solicitada.
Aquí comienza la odisea.
Este trámite fue realizado por mí, pues mi hija se encontraba inmovilizada y muy dolorida. Salvando obstáculos de horarios administrativos y profesionales cumplí con todos los requisitos. Deseo aclarar que en todo momento fui tratada respetuosa y cordialmente, pero chocándome con la barrera de una burocracia que es inflexible en el cumplimiento de sus normas, aún cuando había un paciente necesitado de un diagnóstico para recibir un tratamiento.
Llegamos así al mes de diciembre y a un turno para el 3 DE FEBRERO DE 2010 en el Hospital de Pacheco a las 14,20 hs.
Producto de una lógica preocupación por el estado de salud de mi hija, averiguo el valor de este estudio para realizarlo en forma particular. Era de $ 700; inaccesible para el presupuesto de este grupo familiar.
Esta señorita es joven y sana y al término de un mes logra, aunque dificultosamente apoyar su pierna y caminar. Cuento que perdió exámenes finales por no poder trasladarse a Ciudad Universitaria.
Llega el día del estudio, (reitero 3 de febrero, 2 meses, largos, después), nos trasladamos al Hospital de Pacheco, con todos los gastos de transporte y comida por nuestra cuenta, y… EL RESONADOR ESTABA ROTO.
Aquí comienzan las preguntas:
·¿Por qué no se avisó de este inconveniente teniendo teléfonos y correo electrónico para hacerlo?
·¿A quién se responsabiliza por ésto? si no hay caras responsables visibles, sólo empleados atentos, pero sin poder de decisión.
·¿No hay previsto un lugar alternativo ante una emergencia de esta índole?
·¿Debo aceptar que sólo a mi me preocupe el deterioro del estado de salud de mi hija?
·¿Por qué el Hospital de Campana no tiene un resonador?
·¿Se realizan gestiones para obtenerlo?
·¿Quién se responsabilizará si esa rodilla queda deteriorada? Les recuerdo que AÚN NO TIENE DIAGNÓSTICO, NO TIENE TRATAMIENTO Y ESTAMOS A 7 DE FEBRERO
Probablemente la semana próxima esté arreglado el resonador. Nosotros debemos llamar para averiguar y esperar un nuevo turno qué será ¿para cuándo?
Estas son las preguntas.
¿Cuáles son las respuestas?
¿Quiénes las darán?
Quedo a entera disposición de quienes consideren, quieran o deban dar una respuesta.
Cristina Colombo
DNI 5.692.787
Tel-438966



