"Diego no conocía la mar. El padre Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla.
Viajaron al sur.
Ella, la mar, estaba mas allá de los altos medanos, esperando.
Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura.
Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre:
¡ Ayúdame a mirar!
Eduardo Galeano
El libro de los abrazos
Con este texto nace la columna de artes visuales. Cuando me invitaron a ser parte de este proyecto, en principio me pareció una locura, mi oficio es el de escultor y dibujante, pensé, yo no escribo sobre arte, pero me sentí muy honrado y vi luego la posibilidad de entablar un nuevo vínculo en este caso con los lectores.
Confieso que no supe muy bien por donde empezar, lo hice varias veces hasta que me pregunté que quería decir, que era lo que no podía mostrar con el lenguaje de la imagen y sí con el de las palabras.
Me aparté inmediatamente de cualquier intento de una crítica de arte, de ninguna manera me propongo clases magistrales de historia del arte, como tampoco así seguir una línea de tiempo unidireccional, sino más bien me sedujo la idea de un ejercicio conjetural, producto del instinto, casi gestos espontáneos y viscerales.
Reflexiones y aproximaciones a esa palabra tan llena de misterio y por lo tanto difícil de definir con el limitado lenguaje de las palabras que es "arte".
Elegí como puerta de entrada este pequeño texto del escritor uruguayo Eduardo Galeano porque habla del mismo camino que vamos a transitar juntos, una convocatoria a recuperar la capacidad de sorprendernos, a contemplar en silencio. Que las imágenes se encarnen devolviéndonos ese vínculo con lo vital.
Prefiero un arte con "a" minúscula ligado con el espíritu humano y no ese sacralizado en las paredes de los museos a los que cada vez nos atrevemos menos a entrar.
El autor portugués del libro del desasosiego, Fernando Pessoa, nos enseño que un libro es soñar de la mano de otro, en nuestro caso mirar será soñar e imaginar a través de los ojos de otros.
Descubriremos el arte de la imagen, la visualidad, como el hombre, creador incansable de símbolos, da forma al mundo, en el tiempo y desde el lugar que le toca vivir. Y es justamente en esa construcción de su visión del universo que lo vuelve a crear y lo transforma. Así se cae del mundo y a través de los símbolos que vuelve a colgarse y a entrar una y otra vez.
Propongo recuperar la inocencia de los ojos de un niño, ese afán por descubrirlo todo y lograr encontrar la belleza en cada mínima cosa que nos rodea.
Intento plantear un viaje, un viaje verdadero, que al decir de Marcel Proust, no sería ir a otros países, sino tener otros ojos, ver el universo con los ojos de otro, de cien otros, ver los cien universos que ve cada uno de ellos, que es cada uno de ellos; y esto lo podemos hacer gracias a un artista.
Mirar es una experiencia en la cual se entrecruzan vida y arte, pero mas aún es un acto de libertad. Pero cuantas veces escuchamos frases como el arte no es para mí, yo no entiendo nada, para que voy a ir a ver una pintura. Alguien nos hizo creer esto, alguien nos metió la idea de racionalizarlo todo, de que todo lo tenemos que entender, sino no podemos disfrutarlo. Y se que esto no es así, el fascinante mundo de las creaciones artísticas nos espera, como el mar con toda su paciencia, con toda su vitalidad y grandeza y me pregunto ¿Habrá que entender el mar?
Las cosas mas maravillosas de la vida no se pueden explicar, son ininteligibles, la mirada de un hijo, un beso de amor o un deseo incontrolable.
Existe algo que siempre me interesó y me llena de curiosidad aún hoy y cada vez que tengo la oportunidad lo pregunto y se los pregunto a ustedes, ¿recuerdan la persona o el instante que los llevó a apartarse del acto de dibujar, es decir, de la acción de pensar con la línea y con el color?
Sabemos que todos de niño tomamos cualquier elemento que deje una marca o una huella y sobre cualquier superficie que tengamos a mano dibujamos, una hoja, una pared, una mesa o en la arena pero dibujamos y con que seriedad por cierto.
Casi naturalmente usamos el lenguaje de la imagen para expresarnos, para exteriorizar nuestra interioridad, ese concepto esencial que introdujo el siglo xx que es el de "necesidad interior" y no importa que tan pequeños seamos, sabemos muy bien lo que hacemos cuando dibujamos, le estamos dando imagen al mundo.
Entonces ante esta experiencia tan vital y auténtica, tan nuestra, tan en soledad y en diálogo con nosotros mismos, no falta el adulto que nos pregunta ¿Y eso qué es?
Nos obligan inmediatamente a hacer literatura, buscan la historia o la anécdota.
Sentimos que nos clavan un puñal y a veces el niño mira al grande en silencio como diciendo es tan claro lo que hice y lo hice en la medida en que lo estaba haciendo, sin importar bien a donde iba, que no recurre al lenguaje de las palabras para explicar los innumerables signos y conceptos que aparecen en una sola imagen.
Y de nuevo la sentencia pero ¡esto no se parece a una casa, así no es un árbol, el cielo es celeste y no rojo!, tratan de obligarnos a tener una sola mirada de la realidad, no te salgas de la línea, nunca, porque sino…, no rayes, se prolijo, no, no y no. No te expreses.
Es la propia incapacidad de aquel que descartó el lenguaje de la imagen como herramienta para el pensamiento, que nos empiezan a convencer.
Están también los que aprueban un dibujo, diciendo él sí sabe dibujar y generalmente se refieren a una actitud mimética, a alguien que logra imitar la apariencia de los objetos, con un alto grado de objetividad y naturalismo, a la manera de una fotografía.
Pero por suerte están los que no le hacen caso a los que saben
Y hacen el sol como les parece,
Y rayan con todas sus fuerzas,
Y se salen del contorno
Y después de mucho caminar se quedan mudos de hermosura
Y el mundo estalla ante ellos
Y se llenan los ojitos con el mar
Y_ ¡nos ayudan a mirar!
Y es tanta la belleza a descubrir, que cuando por fin llegamos a ese abismo, la vida, el mar y el arte son la misma cosa.
Sebastian Franco
Lic. en Artes Visuales IUNA Contacto: e mail- franco_arte@hotmail.com
Recomiendo la muestra de esculturas y dibujos del maestro Aurelio Macchi en el Museo de Bellas Artes Benito Quinquela Martín Av. Don Pedro de Mendoza 1835
La Boca- Buenos Aires- de martes a domingo de 10 a 18hs.Entrada libre y gratuita.
Apoyan a la cultura y el arte: Artística Monalisa-Rodbul-Farmacia Raffo-Taller de Arte El puente.



