El fracaso escolar se ha convertido, en el último tiempo, en una problemática que produce una intensa preocupación social.
Aunque la responsabilidad, muchas veces, es del sistema que no cumple con su obligación de educar a los ciudadanos, éstos sin embargo, asumen el fracaso como propio y lo asimilan a inadecuaciones personales y no sociales.
Para padres y niños, fracasar en la escuela es fracasar en la vida. Es aceptar públicamente la inoperancia personal para alcanzar niveles que la sociedad exige.
Los sentimientos que acompañan al fracaso producen aislamiento y pérdida de deseo por encontrar en la escuela un grupo de referencia en el cual reconocerse. El niño se siente desvalorizado y distinto. Se desconcierta, pues no entiende qué le solicitan ni como debe organizarse en sus tareas. Se aísla, se desinteresa. En estos casos, la distancia entre el mundo escolar y el de los niños es excesiva. El niño y su familia se creen incapaces.
Cuando un niño fracasa, fracasa su primer intento de integración social. Se refugia regresivamente en el interior de su familia o busca otros grupos de filiación secundaria. Elige la marginalidad, la droga, la violencia o la calle como espacio de identificación y referencia no hallado en el interior del sistema escolar.
Para poder pensar las condiciones que favorecen la integración del niño al espacio escolar habría que considerar que dicho espacio no es el primero que el niño constituye.
Mucho antes de ingresar a la escuela, en el momento de su nacimiento, el niño establece con su madre un primer lugar de encuentro, un único espacio y una única relación preponderante, la de su madre y él, donde la sociedad y la escuela no existen. No hay representación de realidad ni posibilidad de diferenciación.
Este primer espacio es, para el niño, la representación de lo absoluto, de todo lo existente. Con el tiempo, la madre posterga al niño, quien frente a su ausencia trata de encontrarla en un nuevo espacio, el más próximo, el de la familia en su conjunto.
Construye el espacio familiar. Espacio de certezas e ideales. Nuevos modos de relacionarse, comportarse y jerarquizar experiencias se despliegan.
En el interior del espacio familiar aparecen las tendencias e intereses, las formas de ser y de hacer, a través de las cuales el sujeto se satisface y se aproxima, virtual y placenteramente, a uno u otro de sus progenitores.
Lo que la familia desea, piensa y realiza pasa a ser para el niño la representación global de "todo" lo factible de ser conocido, realizado y fantaseado.
Cuando el niño ingresa a la escuela, este mundo ideal se rompe. Con la presencia de otros niños surgen pensamientos y proyectos. Se esbozan nuevos espacios de mayor amplitud y complejidad que el familiar.
Descubre parte de las mentiras y restricciones de su pasado. Las situaciones enigmáticas se incrementan y con ellas se activa el deseo de búsqueda de nuevas respuestas, estrategias y conocimientos.
Al ingresar a la escuela, el niño tiene la oportunidad de confrontar el lenguaje de sus progenitores con el discurso de sus maestros y compañeros. Surge la curiosidad por los "otros". Las intervenciones del maestro se orientan hacia la ruptura del encapsulamiento que el niño construye en el interior de la estructura familiar, acentuando la diferencia con sus compañeros, tomados como sujetos de confrontación.
Operar en el espacio escolar es, entonces, estar interviniendo en un momento crítico en la constitución de la subjetividad, pues el psiquismo del niño que concurre a la escuela está aún en constitución y podrá proyectarse mas enriquecidamente en la medida en la que encuentre en la escuela un lugar para su expresión, un espacio de intercambio y de escucha personalizada. El objetivo del trabajo docente es el de lograr en algún momento una participación y posicionamiento diferencial de cada uno de sus alumnos.
Preocuparse por el lugar de cada uno de los niños en el interior de esta mini-sociedad -que es el grado al que el niño pertenece- es uno de los modos posibles de evitar el aislamiento y el fracaso.
La Asociación Dame Una Mano, extiende sus servicios a la comunidad conformando un equipo interdisciplinario compuesto por psicólogos y psicopedagogos para abordar problemas de aprendizaje, tanto en niños como adolescentes. Proponiendo una asistencia integrada para el abordaje del sujeto.
Para mayor información dirigirse a la sede de A.D.U.M (25 DE Mayo 1088) Tel.:03489-446712. En los horarios de 9:00 a 12:00 hs. Y de 16:30 a 20:00 hs.



