Tiempo atrás asistí a una conferencia donde se hablaba acerca de las patologías de final de siglo. En principio las planteaban como situaciones novedosas.
En el primer momento, escuchaba ingenuamente y los nombres nuevos parecían presentar novedades; pero dejándome llevar por mi escucha empecé a entender que en lo básico las cosas no han cambiado, las apariencias sí, pero no nos llevemos a engaño. Permitamos interrogarnos. En la exposición sugirieron prestar más atención a la subjetividad de cada época. Efectivamente, en estos tiempos puede observarse que de los conflictos relacionados con las ideas, depresiones, fobias, obsesiones, tal como se hablaba en las época de Freud, se está pasando a las patologías denominadas del acto, del límite, donde las agresiones, los abusos sexuales, las drogas, y la anorexia por no ser menos, se ponen en escena muchas veces al borde, incluso de la muerte.
Estamos ante una manera particular de enfermar, una respuesta específica a un conflicto personal, es decir que estamos ante la expresión de un síntoma. Una especial manera de hablar de una estructura. Por eso vale la pena considerar a un edificio de construcción nueva, elegido y cuidado con esmero y en el que hemos apostado nuestra vida. Si a nuestro edificio le surge una grieta, deberíamos ocuparnos. A la grieta podremos taponarla con masa, enyesarla, pintarla y todo aparentará normalidad. Podremos atribuir las causas a la dilatación, a la humedad de la zona, al viento; pero si la fisura está, pese al arreglo, estará. Es mucho más complejo y responsable preguntarse qué es lo que ha fallado de la estructura. Cuando esto no se hace, cualquier intento de emparchar, no será efectivo.
Puede ser que las fallas se correspondan a que el arquitecto en su diseño y cálculo de materiales no haya ajustado como debiera las piezas y los materiales.
A la manera del arquitecto es el trabajo que nos corresponde en primer lugar como padres y en segundo lugar como analistas, cuestionarnos por las causas últimas y no derivar culpabilidades a una sociedad por más que imponga una moda.
Tratemos de pensar que previamente a la moda está la estructura propia del sujeto. Es decir, no hay anorexia como síntoma si no hay una estructura que la acune y busque a través de la moda una manera de expresar un conflicto personal. Es decir que el conflicto personal se adapta a la moda o sea a la época.
Seguramente si para ayudar intentamos imponer una salida expresada desde la superficie de las cosas, la apariencia, sin ir a las causas estructurales a poco de andar buscarán otra manera de manifestarse, de buscar un lugar propio desde donde expresarse.
Esta expresión es sentida como ajena y es profundamente propia; ya que el síntoma es a la vez externo e interno al sujeto; aquello que le es lo más propio también le es lo más desconocido.
¿Algo nuevo, tal vez? ¿O apariencias nuevas para expresar lo que siempre ha sido?
Para comentarios o sugerencias escribir a: patriciakatz@hotmail.com




