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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 25/abr/2010 de La Auténtica Defensa.

La voz de Dios para este tiempo:
Tema de hoy: "Lecciones importantes"
Por Luís Rodas




Ari Vatanen, Finlandés, Campeón mundial de rally automovilístico en 1981, fue víctima de uno de los más graves accidentes de la historia de los rallys. No pudo correr durante dieciocho meses.

Pero aún sigue siendo una de las figuras con más títulos y más respetadas del deporte automovilístico.

He aquí algunas de sus reflexiones: "Lo que cuenta ante todo no son nuestras emociones o nuestras prácticas, sino Jesús, su muerte y su resurrección".

Para mí, en el amor de Dios, permanece el más grande motivo de asombro. Él nos acepta tal como somos.

Sólo Jesús es santo. Todos cometemos faltas, pero siempre podemos volvernos hacia él y decirle: Señor, perdóname, tómame tal como soy. Y Él lo hace.

Más que mis palabras, es mi vida la que primeramente debe dar testimonio de mi Fe.

Si conozco la presencia de Dios en medio de las tempestades, mi testimonio tendrá peso.

"En los momentos duros se aprenden las lecciones más importantes". En el momento que uno puede ser tentado a rebelarse, pero en resumidas cuentas, a veces, años más tarde, esto se vuelve claro y uno entiende, a través de la propia experiencia, que Dios controla todo.

Aun cuando no se puede explicarlo todo, uno comprende que todo vino a pedir de boca.

(Rom. 8:28) Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas le ayudan a bien,….

¿Cuántas veces nos experimentamos cansados, fatigados, agotados, no sólo física, sino también anímicamente? ¿Cuántas veces hemos experimentado situaciones en la vida que nos agobian, que se convierten como en un peso demasiado grande, difícil de cargar, un peso que parece hundirnos, aplastarnos? Una larga y dura enfermedad; el inmenso vacío y soledad interior; un problema que se prolonga y parece insoluble; un fracaso duro de asimilar; la pérdida del trabajo; no encontrar otro trabajo para poder sostener a la familia; una dura prueba espiritual que se prolonga por meses o años; las continuas y repetidas caídas que desaniman y desesperanzan; un pecado muy fuerte, que no me puedo perdonar; una responsabilidad que me sobrepasa; alguien que me hace la vida imposible; etc., etc. ¡En cuántas situaciones como éstas el espíritu puede flaquear, llevándonos a experimentar ese "ya no puedo más"!

Al experimentarnos cansados y agobiados, lo primero que quisiéramos es encontrar el descanso del corazón, tener paz, hallar a alguien en quien apoyarnos, alguien cuya compañía sea de aliento para perseverar en la lucha, alguien en cuya presencia vea renovar las fuerzas. ¡Qué enorme bendición y tesoro son los verdaderos amigos, en los que podemos hallar el apoyo y descanso para el espíritu agobiado! ¡Pero cuántas veces preferimos encerrarnos en nuestra soledad haciendo que nuestra carga en vez de aligerarse se torne cada vez más pesada!

"¡Venid a Mí!", te dice el Señor, cuando te experimentes fatigado, agobiado, invitándote a salir de ti mismo, a buscar en Él ese apoyo, ese consuelo, esa fortaleza que hace ligera la carga. Él, que experimentó en su propia carne y espíritu, la fatiga, el cansancio, la angustia, la pesada carga de la cruz, nos comprende bien y sabe cómo aligerar nuestra propia fatiga y el peso de la cruz que nos agobia.

Si buscas al Señor, en Él encontrarás el descanso del corazón, el consuelo, la fortaleza en tu fragilidad. Y aunque el Señor no te libere del yugo de la cruz, te promete aliviar su peso.

(Jn 11:28) Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

Y si por algún motivo un día te sientes anímicamente cansado, o si te sientes agobiado por algún peso que no puedes cargar, mira al Señor. ¿Qué hizo Él? ¿Qué hizo Él cuando tenía que asumir la pesadísima carga de la cruz?

Oró más, insistía en su oración, la hizo más intensa, buscando la fortaleza en Dios. El Señor Jesús, nos da una enorme lección de lo que también nosotros debemos hacer: en momentos de prueba, de fatiga, de fragilidad, ¡es cuando más debemos orar, con más intensidad, con más insistencia! ¡Sí!, allí, en tu cuarto, en secreto con tu Padre, (Mt. 6:6) encontrarás esa paz, ese consuelo, esa fortaleza que necesitarás en los momentos más duros de tu vida.

Busca una iglesia donde se enseñe La PALABRA de DIOS.

Que tengas una semana bendecida, nos reencontramos si Dios quiere, la próxima. Luís Rodas

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