(...)"Se sabe que las famosas lágrimas de cocodrilo son una secreción acuosa que mantiene húmedos los ojos del animal, fuera del agua, pero no tienen nada que ver con el llanto, debido a que las glándulas salivales y las lacrimales de este animal están situadas muy cerca unas de las otras y por eso, se estimulan constantemente, lo que hace que al animal llore mientras come".
"Todo esto, sumado a la fantasía popular sirvió para dar origen a la expresión lágrimas de cocodrilo, con la que se alude al dolor fingido de alguien ante cualquier suceso desgraciado, dolor que no es tomado en serio por ninguna de las personas que lo contemplan".
Aquella Mujer no se parecida en nada al cocodrilo que llora falsamente sino todo lo contrario era una mujer que tenía mucho de niña porque no podía superar la herida que causó aquel "Lobo", (que supuestamente debía protegerla) y lo único que hizo fue traerle dolor y desilusiones, unas tras otras..desde que era adolescente. Ella lloraba de verdad!!!!!, no era fingido su llanto. ....Nunca pudo superar el dolor del desamor de aquel "Lobo" que supuestamente debía protegerla. Aunque él no era el mismo con la niña que con las demás personas....No!!!! El tenía dos personalidades: con los demás sonreía, se reía, contaba chistes y al lado de la niña solo gruñía, gritaba, asustaba, amenazaba y siempre repetía cosas que la degradaba. Nunca tenía tiempo para ella, siempre tenía "algo" que hacer. Qué cosa de su vida no quería enfrentar aquel "Lobo" en realidad? Siempre huía y huía...Ella callaba pero sufría. A veces renegaba y se peleaba con los que no tenían la culpa de lo que le pasaba. El nunca la cuidó, ni le sonrió, nunca le dijo gracias, nunca le pidió perdón por el dolor que le causó solo la miró, la despidió y le dijo: "vos sos como un cocodrilo que se come a sus hijos y despues llora". Pobre Lobo jamás supo entender a aquella niña-mujer, es más... jamás la conoció y eso que era su propia hija. (Cabe aclarar que los cocodrilos no se comen a sus propios hijos). (Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia).
Por Nelda Fischer.



