Para Dios no existe el rating de la televisión. Para él, el cartel de "no hay mas localidades" de los teatros carece de valor. Tampoco la cantidad de votos que tenga tal o cual candidato político, y los grandes títulos, honores y premios no lo deslumbran.
A Dios le importas vos, tu corazón, tu vida en particular. Dios tiene sus ojos puestos sobre vos, te conoce, sabe tu nombre. Dios sabe de tu circunstancia, de tu necesidad, de tus lágrimas, sabe que te hace falta para ser feliz. Dios quiere cuidarte, acompañarte, defenderte, amarte. Dios quiere que tengas una vida plena, feliz y con paz junto a él.
Todo esto no lo supe hasta que mi vida gritó: ¡Basta!
Te cuento quien soy. Nací en 1960 en Primera Junta en el barrio de Caballito, en la Capital Federal. Me pusieron los nombres Amalia Josefina, los de mis dos abuelas. Mi apellido es Trombetta. Estoy seguro que este conjunto de identidades difíciles de "cargar" para una sola nena me marcaron de entrada.
Sumado a esto tenía que usar unos anteojos con vidrios para la ultra miope, "de los de antes" y oclusor en el ojo derecho. ¿Se acuerdan lo que era? Hoy ya no veo que los usen, lo que hacía que me señalaran permanentemente y le preguntaran todo el tiempo a mi mamá: "¡Uy, pobre! ¿Qué le pasó?"
Cómo si esto fuera poco a los siete años descubrí que no escuchaba absolutamente nada de mi oído derecho. ¿Sorda? ¡No! ¡Ya era demasiado! Todavía sigo sin oír nada de ese oído. Los que padecen sordera de nacimiento aunque sea de un solo lado me van a entender; así es que ahora no agrego nada mas al respecto
Si desean saber más, mucho más de mi vida, la gente que conocí y la tabla de valores con la cual hoy me manejo, los espero el domingo 23 a las 10:30 en el Salón de Usos Múltiples de la calle San Martín 1.
Nuestro encuentro cerrará al rededor de las 11:40. La entrada es libre y gratuita.



