Mientras la política local se enfrasca en los laberintos de las discusiones inconducentes (si el proyecto de defensor del pueblo fue copiado de otro municipio o no; o si el problema de límites con Zárate está siendo aprovechado por el oficialismo, entre otros) las posibilidades de trabajar en conjunto proyectos de largo plazo para Campana se desvanecen. El oficialismo (debe reconocerse) es eficaz para obtener rédito de su relación con el Gobernador de turno y si eso es bueno para nuestra ciudad nadie puede objetarlo. Pero un proyecto de ciudad es mucho más que explotar una relación política para beneficio de nuestra ciudad. Un Proyecto de Ciudad es poner en funcionamiento un sistema de gestión capaz de reproducirse en el tiempo, con actores sociales que tengan roles institucionalizados y niveles estratégicos (políticos) que articulen los medios para lograr las metas y den cuenta de los avances en el logro de las mismas. La alternancia en el gobierno local entre un partido político y otro no deberían alterar la marcha de ese Proyecto. Cuando no hay capacidad de escuchar al otro, no hay posibilidad de aprender. Encerrarse en el círculo propio es desaprovechar las oportunidades de encontrar las mejores soluciones para el vecino. Luego de las elecciones 2009 el oficialismo invitó a la oposición a una serie de rondas de diálogo político. Al día de hoy la comunidad de Campana no sabe qué quedó en firme de aquella iniciativa: el gobierno local sólo se limitó a escuchar, sin dejar claro en qué coincidía, que proyectos tenían interés en trabajar o cuáles eran las conclusiones. Como hemos sostenido varias veces a nivel local es posible trabajar muchas iniciativas sin perder la identidad política del sector que uno representa. A este nivel no se discute el problema del INDEC o la reforma del Consejo de la Magistratura. Las cosas que se discuten a nivel local son más concretas, impactan más directamente en la comunidad. Por ese mismo motivo la incapacidad de avanzar en conjunto en una serie de temas estratégicos se pone más en evidencia. En materia productiva, por ejemplo, las inversiones pueden llegar porque nuestra ciudad tiene un atractivo (geográfico, logístico, humanos) pero son muchas las oportunidades que se pierden por no ir a buscar las inversiones. Un mínimo consenso sobre los recursos para promover inversiones productivas y las áreas con potencial para desarrollar, ayudaría mucho a orientar las decisiones de las empresas, atrayendo hacia nuestra ciudad inversiones que podrían estar dirigiéndose a otros lugares. Las decisiones del día a día son decisiones de gestión; las decisiones de largo plazo deben tener un consenso para sobrevivir al paso del tiempo (y los gobiernos). Porqué no hacer un inventario de los desafíos estratégicos para nuestra ciudad (en materia de salud, educación, producción, etc.), consensuar acciones y exponerlos para que el vecino pueda tanto hacer su aporte (a través de sus representantes o de canales institucionalizados) y evaluar la marcha. Esto no es hablar en chino si no aplicar lo que están haciendo las ciudades del mundo que se destacan por los logros para sus habitantes.
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