Buenos Aires, (Especial para NA)- La inusual e impensada fotografía del líder de la CGT, Hugo Moyano, y el jefe de los industriales, Héctor Méndez, constituyó la primera respuesta del llamado al diálogo social formulado por Cristina Kirchner, en la antesala de un año que ya se anticipa convulsionado.
La imagen es la repetición de aquel encuentro entre el jefe sindical y el titular de la UIA producido pocas horas después de la muerte de Néstor Kirchner, cuando ambos acordaron una efímerab tregua.
Ahora, el tiempo dirá si este acercamiento representa una sincera actitud de bajar los decibeles del convulsionado clima político y gremial o sólo una fugaz e interesada muestra de conciliación.
Con todo, la visita de Moyano a la Conferencia Industrial de la UIA constituye una tregua que es preciso se mantenga en el tiempo para evitar más roces en las vísperas de un año que estará convulsionado.
Todo hace presumir que en el 2011 --un año electoral-- la presión sindical hará sentir su voz más que nunca para intentar ajustar los salarios y lograr que no pierdan más terreno por el impacto inflacionario.
Otro punto de conflicto entre la CGT y la UIA es el proyecto de reparto entre trabajadores de ganancias, que ya fue rechazado por las principales cúpulas empresarias, incluyendo la central fabril, la Cámara de Comercio y la Bolsa.
Este tema fue el que abortó el diálogo que Moyano y Méndez habían empezado luego de la muerte de Kirchner.
En su discurso ante los empresarios y el cacique sindical, la Presidenta dejó en claro que a los reclamos gremiales hay que "darle racionalidad institucional y legal", en un intento por atemperar las exigencias salariales.
A poco de iniciado su exposición, en el cierre de la Confederación, la Presidenta llamó a "un acuerdo tripartito entre el sector privado, los trabajadores y el Estado", justo en una semana en la que los conflictos políticos estuvieron a la orden del día.
"Hay varios lugares donde uno como Presidente se puede sentir cómodo o incómodo, pero esa comodidad deviene de las políticas que me han tocado desarrollar desde la magistratura. Y si hay dos sectores donde me siento cómodamente hablado es ante los empresarios industriales y ante la CGT", reflexionó
En donde aún está lejos de conseguir consensos es en el Congreso donde el Gobierno ha encontrado el escollo más importante para tratar de imponer sus decisiones.
Pese a que desde el Gobierno intentaron mostrar como un fracaso o como "palos en la rueda" el freno que la oposición le puso al proyecto oficial de Presupuesto, lo cierto es que esta situación no hizo más que beneficiar al Ejecutivo.
Es que, rechazado el proyecto de presupuesto para este año, la Jefa de Estado apelará a un decreto para prorrogar la vigencia del actual, que le otorgará una mayor cantidad de recursos para distribuir.
"A pesar de que haya palos en la rueda, continuaremos gestionando el país, que es en definitiva para lo que me votaron", advirtió la Presidenta en un acto.
La jugada al Gobierno le salió perfecta: tendrá plena disponibilidad de los recursos y logró atomizar aún más a la oposición.
Encima, inesperadamente, la situación en el Congreso derivó en un escándalo por el golpe que la diputada del PJ disidente, Graciela Camaño, le propinó al oficialista, Carlos Kunkel, en un episodio que el Gobierno supo en forma rápida capitalizar en su favor.
En ese marco, el oficialismo tuvo en la semana noticia que le aliviana los frentes internos de conflicto: la Mesa de Enlace quedó al borde de la quiebra por un enfrentamiento entre la Federación Agraria de Eduardo Buzzi y la Sociedad Rural de Hugo Biolcati.
Este distanciamiento no evitó que ambos dirigentes se cruzaran en el predio de Costa Salguero durante la Conferencia Industrial, que a esa altura parece haberse convertido en un centro conciliador.
También en el frente externo el Gobierno consiguió un incipiente avance en la negociación con el Club de Paris y logró que el Fondo Monetario Internacional (FMI), en principio, no participara de la negociación que empezará en diciembre, según confirmó el ministro de Economía, Amado Boudou.
Para el ex presidente Néstor Kirchner, la estrategia para acumular poder era la de confrontar, que parece haber sido soslayada por Cristina Fernández, aunque desde la oposición aseguran que sólo se trata de una especie de "victimización" por la desaparición física de su marido, pero que el estilo se mantiene expectante.



