La semana pasada hablábamos de la desconexión de nuestro país con el mundo. El discurso oficial se apoya en el crecimiento de la economía de los últimos años, un dato tan insoslayable como que estamos en una región donde crecen todos los países, desde Cuba y Paraguay, hasta Brasil y Chile.
Ese discurso oficialista (tanto del gobierno nacional como de los gobiernos de la Provincia y de los dirigentes oficialistas de nuestra ciudad) se apoya en ese crecimiento que, hay que decirlo, es una gran pantalla para decir que las cosas van bien. Las cosas no van bien, ni en lo económico ni en lo social.
En lo económico, como decíamos la semana pasada, se pierden oportunidades de sentar las bases para un crecimiento genuino y de largo plazo. Mientras no se invierta (cantidad y calidad) en el sistema educativo (que no es sólo pago de salarios a los docentes), ni en infraestructura productiva (por citar alguno, ningún país puede crecer con los graves problemas que tenemos en materia de generación de energía eléctrica, de gas, el agotamiento de nuestros pozos petroleros y gasiferos, etc.), ningún crecimiento puede ser sustentable. De la estabilidad de las reglas de juego, hablaremos en otra nota.
En esta oportunidad queremos dedicarle el espacio al tema social, que es el centro del discurso "progresista". Ante todo, queremos dejar sentado que lo que sigue no es un tema ideológico sino absolutamente práctico.
No está mal sentirse "progresista" ni "liberal", ni "conservador". Lo que está mal es mentir. Y en este punto mentir es querer hacer creer que lo que se dice es lo que se hace. Porque de progresismo este gobierno tiene poco. En lo social los indicadores de las Naciones Unidas son más confiables que las estadísticas del Indec y a ellos queremos referirnos.
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) es una iniciativa del organismo que opera en todos los países como una red global para promover el desarrollo a través de la difusión del conocimiento, la experiencia y los recursos económicos necesarios.
Un indicador clave es el índice de desarrollo humano (IDH). Este indicador, mide el desarrollo no sólo en forma económica sino que contiene tres dimensiones básicas del desarrollo humano: vida larga y saludable, acceso a educación y conocimientos, y nivel de vida digno. Si bien como todo indicador tiene sus detractores, además del aval de las Naciones Unidas tiene el reconocimiento del Premio Nobel Amartya Sen, uno de los referentes mundiales en materia de desarrollo humano sustentable.
El índice varia entre 0 y 1. Cuanto más cerca de 1, más alto el desarrollo humano de un país. Entre 1980 y 2010 en América Latina el índice pasó de 0.573 a 0.704; es decir que experimentó un crecimiento del 22% en tres décadas. En Argentina paso de 0.656 a 0.775, una variación del 18%. En tanto, en Chile pasó del 0.607 al 0.783, es decir que aumentó un 29%. En un contexto de crecimiento económico (a pesar de la crisis de 2001 tanto los años 90´s como el período iniciado a partir de 2002 han sido de alto crecimiento) Argentina ha tenido un modesto crecimiento en materia de desarrollo humano, mientras que el IDH de Chile hoy supera al nuestro. En resumen, el crecimiento económico no está llegando a todos los argentinos.
Esto es independiente del impacto de la inflación en los pobres (el único que opina lo contrario es Amado Boudou). Porque la inflación es lo urgente a resolver, porque corroe la vida diaria de la gente y traspasa millones de argentinos a las líneas de pobreza e indigencia con cada aumento porcentual.
Además de atender lo urgente, para que avancemos en materia de desarrollo humano hay que atender lo importante: priorizar la inversión pública de carácter socialmente estratégico como la educación, la salud y la seguridad de las personas. contacto@campanaunionpro.com



