Una gran parte, los jóvenes de hoy, no les gusta estudiar y menos trabajar, y la razón está centrada en los ejemplos familiares. Si comienzan a estudiar al poco tiempo abandonan porque dicen: "no les da la cabeza".
Dentro de la cabeza está el cerebro, que es ni más ni menos que el conductor del ser, tales como las emociones, el comportamiento, la constancia, la voluntad, el razonamiento, la inteligencia, etc. Todo ser humano tiene inteligencia, pero para ello la debe cultivar. Y como la debe cultivar: estudiando, investigando constantemente e interesándose de lo que para el es desconocido.
La acepción cultura nace de cultivar; enseñanzas razonadas, comprobadas y ejercitadas. El trabajo es una de esas culturas que el individuo adquiere a través de conocimientos tácitos y además descriptivos, y en un porcentaje menor hay conocimientos descriptivos incluidos.
Dado el alto nivel de conocimiento tácito, la mejor manera de enseñar las habilidades de cualquier tipo de trabajo, es por medio de la observación, la imitación, el ensayo y error, más que por medios discursivos. Sin embargo hay que reconocer que las reglas técnicas o (normas), están en el siguiente nivel de conocimiento tecnológico, que consiste en generalizaciones sobre las habilidades aplicadas en hacer o usar tecnología.
De todos modos son usualmente incompletas sin el conocimiento tácito que acompaña el hacer actual, por esa razón, reglas, normas y procedimientos, se aprenden mejor en conjunción con la actividad, frecuentemente en el trabajo.
Desde el punto de vista educativo, es posible identificar su posición de manera clara y contundente dado que los objetos de su estudio son artefactos, productos y procesos generados por el hombre, y, con las debidas restricciones, productos y procesos, construidos por el propio alumno que los estudia.
Como herramienta didáctica, en tanto permite plantear la reflexión sobre algo que simultáneamente se está creando, introduce en el aula la interacción entre el estudiante y el objeto estudiado, enriquece la significación del objeto de estudio y permite ampliar el campo de análisis a las causas y consecuencias implicadas en el mismo.
Paralelamente, al relacionar y condicionar lo que se pretende hacer con lo que se logra hacer, al contrastar lo proyectado con los resultados obtenidos, adquiere una dimensión didáctica difícilmente alcanzable desde otras disciplinas.
Dipaola Miguel Angel
LE 5607869



