Buenos Aires (Especial para Noticias Argentinas, por Daniel Casal) -- Néstor Kirchner está convencido de que gran parte de su capital político depende de las señales que pueda brindar a la sociedad sobre la transparencia de su gestión, frente a la sospecha general de que la corrupción es un mal enquistado desde siempre en gran parte de la estructura de poder.
Fue en este marco que decidió en las últimas horas el rápido despido del jefe de la Policía Federal cuando trascendió su presunta participación en un caso de corrupción.
"Hay que echarlo", le dijo el Presidente al ministro de Justicia, Gustavo Beliz, cuando se enteró de la novedad.
Pero no sólo la acumulación de poder llevó a esta decisión sino que el desplazamiento de Roberto Giacomino sirvió ara enviar mensajes hacia otras direcciones.
Una de esas advertencias, según dicen voceros oficiales, es para aquellos que nunca salen de la frontera de la corrupción dentro del aparato estatal y en las fuerzas de seguridad.
El otro es para la policía bonaerense, cuna de conflicto permanente para los sucesivos gobiernos provinciales.
Sin ir más lejos, esta semana volvió a pleno en este distrito la ola de secuestros y delitos urbanos, con sus efectos de inseguridad y angustia para la población.
Justamente, en la semana del regreso de Juan José Alvarez al Ministerio de Seguridad provincial, en reemplazo de Juan Pablo Cafiero.
No hay que olvidar tampoco que la política del distrito viene de otro trauma con la destitución del ex jefe de la fuerza, Jorge Sobrado, por ocultar una cuenta en Bahamas.
Los casos de Giacomino y Sobrado vuelven a dejar la sensación en la sociedad de que donde se toque hay infección y que el Gobierno nacional y los provinciales deben extirpar a fondo si hay intenciones serias de avanzar en un suerte de "mani pulite", al estilo del que llevó a cabo en Italia.
Sin transversalidad.
En su camino para sumar poder, el Presidente habría dejado de lado su idea de dibujar una línea política transversal, con referentes de fuerzas ajenas al Justicialismo.
Aníbal Ibarra, Hermes Binner y Elisa Carrió figuraban en la carpeta de posible alianzas, pero el jefe de Estado decidió mirar más que nada hacia el propio partido.
Duhalde fue el encargado de desinflarle las expectativas durante una reunión que mantuvieron esta semana en la Casa Rosada.
Allí le manifestó la necesidad de reforzar el frente interno y, a su vez, le recordó los escasos éxitos políticos que tuvieron los que sacaron los pie del plato del PJ.
Más allá de algunas diferencias entre ambos, los dos saben que, hoy por hoy, conforman la superestructura de poder en la Argentina actual.
Kirchner le reconoce a Duhalde su peso específico en la política y lo consulta, en general en forma telefónica, por lo menos una vez por semana.
En el mismo encuentro se acordó impulsar al jujeño Eduardo Fellner como jefe partidario.
Si bien los dos se necesitan, hay de todas formas, una puja por espacios de poder.
Los hombres del Presidente hacen cuentas y proyectan que a fin de año, una vez concluídos todos los turnos electorales, tendrá 30 diputados afines, contra 38 duhaldistas. Esta paridad los pone en una situación de necesidades mutuas.
Para desalentar la transversalidad, las autoridades evaluaron que Ibarra el único no peronista con poder real, no demasiado para un proyecto tan ambicioso.
Después hay otros como Carlos Rovira, victorioso en Misiones, que si bien concurrió al comicio por fuera del peronismo, no tardará demasiado en tomar las riendas partidarias.
Algo similar sucede con las próximas elecciones en La Pampa, dentro de una semana, ya que allí el jefe de Estado apoya a Néstor Haguad, quien también va por fuera del PJ, en competencia con el candidato oficial Carlos Verna, un hombre cercano al menemista Rubén Marín.
El mosaico de la oposición.
Mientras tanto, la oposición al Justicialismo es, por el momento, un mosaico de ambiciones, pero sin horizontes claros.
Ahí esta la sorpresiva aparición de neuquino Jorge Sobisch, quien desde su partido de provincia quiere convertirse en un referente nacional.
Con ese objetivo, comenzó una ronda de consultas con otros dirigentes que aspirar a convertirse en líderes de la oposición.
Como el intendente de Escobar, Luis Patti.
La movida de Sobisch sólo es posible por el desconcierto en el que entraron Ricardo López Murphy y Mauricio Macri, luego de sus derrotas electorales en el distrito porteño.
No obstante, una encuesta realizada por D´alessio Irol indica que López Murphy encabeza las preferencias para que se convierta en el referente opositor, con el 44 por ciento de los votos, seguido por Macri, con el 26 por ciento.
Un viaje postergado.
En relación a lo económico, el santacruceño decidió suspender un viaje que tenía previsto realizar a Alemania, Suiza e Italia, ante el temor de encontrarse en esos países con duras resistencias por parte de los acreedores de deuda y hasta el posible embargo del avión presisencial.
Si bien desde Alemania llegó la información de que no existía la posibilidad del embargo, prefirió no jugar con fuego.
El anoninato en importantes capitales financieras alcanzó durante esta semana al ministro Roberto Lavagna y el secretario de Finanzas, Guillermo Nielsen, ya que viajaron a Nueva York sin que sea difundido el programa de actividades.
Además, el gobierno diseñó la estrategia de ir sacando de la tapa de los diarios el tema de la deuda y los problemas con las AFJP para cambiarlos por otros más ligados con la producción y el desarrollo social.
Por eso, el Presidente participará una y otra vez de las actividades de inauguración de talleres, obras públicas, viviendas y emprendimientos productivos.
Mientras tanto, la agenda presidencial está cargada de contactos internacioanles para los últimos meses del año, como que recibirá a Lula da Silva entre el 16 y 17 de octubre, y entre el 11 y el 13 de noviembre al rey Juan Carlos, de España.
También tiene previsto asistir a la Cumbre de Presidentes Iberoamericanos a realizarse en Bolivia, un viaje a Suiza, y otro a Japón, Corea y China, siempre y cuando no haya amenazas de embargos sobre bienes argentinos.



