La escuela constituye una de las instituciones fundamentales que facilitan la comprensión tanto del mundo político como del mundo cultural, y la lectura es un medio más que importante para lograr dicha comprensión.
Coincidimos con la concepción de Stephen Ball cuando define "escuela", como aquella que permite al niño desarrollar sus aptitudes individuales, le otorgue una pluralidad de herramientas técnicas y morales para poder utilizar en el mundo real tratando los problemas del contexto en las distintas disciplinas y, al mismo tiempo, la reconocemos como uno de los espacios esenciales donde aprendemos y reforzamos la lectura.
La escuela, entonces, es uno de los agentes de socialización que permitiría la toma de conciencia acerca de las necesidades reales en las cuales se inscriben las personas, el conocimiento de las características de su contexto, y la adquisición de conocimiento y métodos para potenciar las posibilidades de "hacer" que tiene esas mismas personas.
Esto quiere decir, que la escuela no se concibe -según la definición recién expuesta- como una mera máquina reproductora de desigualdades sociales.
La mirada de la escuela -de acuerdo a la definición dada- se corresponde con la de un espacio político donde se generan relaciones de poder entre distintos actores; donde se conjugan estrategias de oposición frente a las desigualdades sociales, donde se atemperan el hambre y la ignorancia.
En este sentido, y siguiendo el pensamiento de Giroux, se torna esencial y urgente reposicionar la escuela dentro de un lenguaje de posibilidades y esperanzas entendiéndola como esfera pública democrática comprometida con formas de políticas culturales orientadas a darles facultades a los niños y jóvenes estudiantes y a mejorar las posibilidades humanas.
La lectura constituye una de las herramientas que los agentes de socialización desarrollan con los estudiantes para poder aportarles, de esta manera, capacidades que le permitan descifrar e interpretar la realidad en la cual se inscriben, para hacerlos conscientes de sus propias necesidades y sus posibilidades. La escuela, al enseñar a leer el mundo, potencia -al mismo tiempo- la capacidad de modificarlo.
Ana Carolina Erregarena
Licenciada en Letras
Profesora de Enseñanza Media y Superior en Letras
Egresada de la Universidad de Buenos Aires
anacarolinaerregarena@yahoo.com



