Según cuentan algunos pasillos, el aumento de la tasa de mortalidad de pacientes en lista de espera de un órgano, había escalado a la triste frase: "por lo menos un paciente por día muere esperando". Situación que se instaló incómoda e irritante como una urticaria, para un Ministerio de Salud de la Nación que quería mostrarse comprometido y práctico.
Así, se dijo que éste era "un problema de Estado" y se resolvió presentar al Congreso un proyecto de ley de reforma integral de la Ley 24.193, de transplante de órganos, donde entre otras modificaciones incorpora la figura llamada "CONSENTIMIENTO PRESUNTO" es decir, que todos somos donantes a no ser que se exprese lo contrario.
Esta presentación no es nueva, solo se ha destacado en los últimos días, por la proximidad del tratamiento efectivo en la Cámara de Diputados. Como tampoco es nueva la discusión sobre la necesidad de introducir el consentimiento presunto a nuestra Ley, como solución a la falta de donantes.
Esta figura se extrae de la ley española, usada como el gran referente, ya que según las ultimas estadísticas, España es el país del mundo con mayor tasa de donación de órganos para trasplante. En el año 2001, la tasa de donantes por millón de habitantes fue de 32,5. Luego se ubicó Austria con 23 por millón, Bélgica con 21,6 y Estados Unidos con 21,4, mientras que en Argentina es de 7 habitantes por millón.
Ahora bien, pensar que en España, el problema de la falta de donantes se resolvió por el solo hecho de la incorporación del consentimiento presunto es un graso error. De hecho, otros países que también tienen esta figura en sus leyes no han tenido tan buenos resultados, como Alemania o Grecia, por ejemplo, donde la legislación lo ha incorporado y sin embargo la tasa de donación no es muy alta, es de 12,8 y 1,9 por millón de habitantes respectivamente.
Para avivar el fuego, la Sociedad Argentina de Trasplantes salió a la palestra opinando que, "Más allá del fundamento ético y legal, no consideramos que sea la herramienta necesaria ni adecuada para mejorar la procuración de órganos en el país" y agregó "En un país como el nuestro, en un contexto de inseguridad y en donde las tensiones sociales se ven a diario por la situación socioeconómica, no creemos oportuno plantear una ley de estas características"
El médico opinó que aquí, "obligar a la gente a donar sus órganos, en el marco del miedo de la gente por el tráfico, la respuesta de la sociedad sería negativa porque dirían `ahora vienen por nuestros órganos`".
A su vez, el ministro de Salud, Ginés González García, defendió el proyecto de ley que impulsa para que la población sea potencial donante de órganos, al sostener que la iniciativa "se adecua al espíritu solidario de los argentinos".
El funcionario indicó que "lo que en realidad hacemos, es cambiar aquello de que ninguno es donante salvo que diga lo contrario. Ahora sería al revés, todos seríamos donantes salvo que digamos lo contrario y se respeta la voluntad de las personas", que no quieren ser donantes de órganos.
Además, es importante aclarar que como ocurre en la actualidad, LA DECISIÓN FINAL LA SEGUIRÁN TENIENDO LOS FAMILIARES DIRECTOS DEL FALLECIDO.
Por su parte las ONG´s del país, como los propios directores de los diferentes entes procuradores del país, tampoco consiguen consensuar opiniones.
Entonces, envuelta en algo de fanatismo, fundamentos sustentables, expresiones de deseos, parcialidades e intereses tan dispares como antagónicos, la polémica se pavonea orgullosa.
Solo resta esperar, que cuando pasen los quince minutos de fama del "consentimiento presunto", al menos se haya conseguido descubrir, que más allá de la innegable necesidad de contar con leyes que favorezcan la donación, en nuestro país, se necesita informar y educar a la sociedad. El gobierno debe emitir mensajes claros. Las diferencias entre una buena explicación del problema y otra mala son muy significativas, sobre todo en temas como éste, donde existen muchos temores completamente infundados. Encarar el tema desde lo educacional, sobre todo en el sistema educativo primario, secundario, universitario y debatir con conocimiento de causa no es un detalle menor.
El miedo es mal consejero y la ignorancia asesina el crecimiento de un pueblo.
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*La autora es miembro del Centro de Estudios Literarios y Periodísticos (CELP) del Taller Escuela Mariano Moreno.



