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» Este artículo corresponde a la Edición del sábado, 28/may/2011 de La Auténtica Defensa.

Reflexiones:
¡Qué buena la democracia con aristocracia!
Por Juan Carlos Musso




El pasado martes 24 de mayo por la noche en el programa 6,7,8 de Canal 7 se pudo ver un debate atractivo, algo poco frecuente por la uniformidad de pensamiento de los panelistas estables. Como invitados estaban Gabriel Mariotto, titular de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual, el filósofo Ricardo Forster y la escritora y ensayista Beatriz Sarlo. Los temas que abordaron fueron el fenómeno de "los indignados" en España, los medios de comunicación y su relación con la historia y la política, los derechos humanos y la memoria colectiva. Si bien cada uno de ellos mereció un contrapunto entre los habituales periodistas y Sarlo, con Mariotto como peón de ataque y Forster intentando ser más analítico, el objeto de esta opinión es centrar el análisis en un punto tangencial aunque, para abordarlo, primero es necesario hacer mención a un invitado en particular.

Se debe distinguir entre los hechos, o sea aquellas cosas reales o de no ficción que pueden ser comprobables por los sentidos y lo opinable. En el universo de lo primero la formación, el nivel intelectual y la capacidad de razonamiento sin interferencias de un individuo se advierten con sólo escucharlo. Es preocupante que siendo Mariotto un funcionario importante del gobierno nacional y teniendo el cargo que tiene desconozca que el participio del verbo satisfacer es satisfecho y no "satisfacido"; si bien en beneficio de la duda tal vez se dio cuenta pero no encontró el tiempo, durante el programa, para enmendar su error gramatical. Su participación fue deslucida reflejando que su horizonte o visión está confinada al priorizar como guión los objetivos de su función militante, como un soldado obediente, por sobre la posibilidad de debatir ideas.

Aristóteles distinguía tres formas puras de gobierno: monarquía (el gobierno de uno solo), aristocracia (de los mejores, siendo estos una clase iluminada sin confundir con nobleza o linaje) y democracia (del pueblo). Nuestro país adoptó la democracia representativa y no es el objetivo desmenuzar su grado de cumplimiento sino introducir un nuevo concepto, tal vez un futuro neologismo, la "demostocracia", amalgama entre democracia y aristocracia, cuyo origen etimológico imaginado sería: al gobierno por demostración previa. El concepto es simple: el pueblo elige a sus representantes pero estos, antes, demuestran que son los mejores.

Tener un error gramatical u ortográfico (u otras carencias) no es un pecado capital ni debe impedir a nadie el acceso al plano político. Mentir, no actuar por el bien común, llegar por acomodo, no saber elegir ni escuchar son todas cualidades no deseadas en un actor de gobierno, en cualquier posición o ámbito territorial del que se trate. El concepto de mejor no tiene que ver con títulos académicos, sino con un contenido ético y la demostración que requiere la nueva palabra, no sería por sus actos posteriores, cosa que se resuelve con elecciones, sino una condición necesaria para que pueda acceder. Son condiciones para que la "demostocracia" deje de ser una utopía que la participación de los ciudadanos sea un proceso natural, que las normas no se alteren en cada elección (cada año, cada mes), que exista pluralidad, precisión e independencia en los medios de información, que la educación sea un derecho y no un torcido además de una política de estado cuyo fin sea el de brindar igualdad de oportunidades, que la historia de trabajo de cada candidato (hombre o mujer) estén accesibles y que los mismos lleguen por un procesos de selección participativo, sin el uso del dedo índice.

Que lleguen los mejores, no en un sentido elitista sino funcional a la praxis del bien común, es una responsabilidad de todos, en la medida que un grupo en ocasión de gobierno o los que lo suceden en un horizonte de continuidad, no encadenen sino más bien destraben los mecanismos condicionantes. Sin ellos, ya no habrá excusas. George Bernard Shaw, escritor irlandés, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1925, dijo y es difícil estar en desacuerdo: "La democracia es el proceso que garantiza que no seamos gobernados mejor de lo que nos merecemos".

El autor integra en Consejo Académico del Taller Escuela Mariano Moreno (TEMM) de Periodismo y Comunicación.


 
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