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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 03/jul/2011 de La Auténtica Defensa.

Tiempos de Amanecer




Aún la nada se cruzaba por el cuerpo mientras la ola polar acosaba sin límites.

Un tiempo detenido entre los tiempos de la desgracia de fiebres y aparatos, de hombres protegidos y gente sumida en pánico.

Lo que alguna vez había comenzado en aquel viaje por los mares helados del sur debería de acabarse pero sin reloj. Nada ni nadie sobre la superficie conciente podía calcular los tiempos del desenlace.

Una madre ya seca de lágrimas, una familia entera helada de viajes, una esposa demacrada por el sueño largo de la espera infinita.

Por el pueblo se hablaba de todo, aludiendo a muertos y resucitados cada tres días, cíclicamente.

Los medios atónitos divulgaban cronométricamente el devenir de las aciagas horas sumergidos en un caos de miedo real, palpable.

Dicen que hubo elecciones, un campeón de fútbol favorecido y algunas muertes de famosos por esas horas.

Pero todo eso pasaba del otro lado de la nada.

Por contrapartida, la espera rejuntaba espontáneamente a gente de toda clase bajo un mismo fin. La noticia fue capaz de generar un estruendo en un par de ciudades aceitadas en la rutina histórica perfecta. Las computadoras fueron eco del viento del oeste que traía las novedades. O al menos rumores.

Por un momento los malos dejaron de serlo y los buenos, incrédulos. Todo por un mes, todo, por un mal.

Es que la parálisis que genera verte acorralado por la peste es intransferible. Cualquiera podía también ser una presa más de la desgracia imparable y feroz.

El puño de Dios golpeó contra la mesa y la gente saltó, alerta, buscando el origen de la señal. Era Dios?. Ante la duda, era.

Y ante la duda había que hacer, estar, luchar y ganar. Habría sido un anuncio apocalíptico para algunos, la guerra biológica para otros. Que sé yo.

Lo cierto es que de la nada se volvió al lecho. Una especie de falso Lázaro que ante el primer intento de giro lo atraparon los caños y los cables.

Temperaturas extrañas vaya uno a saber representantes de que situación desconocida.

Los siguientes parpadeos fueron para despoblar la visión de turbideces propias, enmarañadas en una solemne procesión de imágenes inexistentes y voces fantasmagóricas.

Primero en la nada y luego de regreso; tránsito imprevisto y traumático desde el no ser, hasta la salida del sol.

Un 4 de julio de 2009, brilló una mano en mi frente. Para siempre.

Y brilló también en aquellos incondicionales quienes fueron destinatarios de las mejores brisas del Cielo.

Tiempo de amanecer, frío, extraño, ajeno, pero amanecer al fin

Había sobrevivido a la peste.

Juan C. Roma

2-7-11


 
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