"Soy libre cuando se darme a los demás sin exigir poseerlos", de esa manera nos encontramos con Facundo cabral aquella tarde del 8 de mayo pasado en el Plaza Hotel. Allí mismo comenzó la fiesta de la palabra, los recuerdos, la vida misma.
Hablamos largo y tendido fuera y dentro del escenario, como si al conocernos se hubiese producido un hecho magico que estabamos esperando. Facundo ponía en su boca a todo el mundo y contaba como nadie sus vivencias que te las hacia vivir como propias con una maestría impecable.
Ayer lo mataron en Guatemala, el mismo lugar que me contó que le dieron la noticia de que "no soy de aqui ni soy de allá" se habia convertido en un éxito internacional con más de setenta versiones.
También en la charla recordamos sus primeras canciones como el indio Gasparini del cual me dijo vivió cinco años haciendo shows. Así, comentando y cantando empezaron a existir en el teatro Barbero Perón, Evita, Krishnamurti, Borges, Alonso, la Madre Teresa, Sagan, Cousteau y otros. En algún momento, para mi asombro, sentenció "pocos están dispuestos a escuchar la verdad, pero todos están dispuestos a escuchar una historia, y a eso vine".
Creo firmemente que Facundo se amparaba casi con religiosidad al amor y esperanza como forma de vida, y el mismo también decía que solo se puede sobrevivir comulgando en el presente sin las cadenas del pasado, ni la ansiedad que provoca el futuro.
Facundo nos habló de todo, del milagro de la vida, del universo, del creador, de su historia, de compartir el pan, el vino y la Maria en el trigal. Así era este Facundo que aprendimos a querer sencillamente y que al final de su actuación en nuestro pueblo, con risias, antes de despedirnos, recordamos una vieja canción que cantaban Barbara y Dick, "El cielo se ha puesto negro, Facundo".
Y lamentablemente esta vez fue cierto.
Fito Tolassi



