¿Sufres de olvidos? A partir de los treinta años, por lo general, notamos pequeños olvidos: ¿Cómo se llamaba ésta persona? ¿A qué hora era el turno? ¿Cómo me dijeron que funcionaba ésto? ¿Dónde dejé las llaves? ¿En dónde estacioné el auto?
Aunque éstos pequeños olvidos no afectan nuestra vida, nos producen ansiedad. Recordamos con lujo de detalles todo acerca de nuestra niñez, pero no podemos acordarnos de lo qué hicimos ayer o ésta misma mañana.
Si ésto les suena familiar, no se preocupen, hay esperanza. Existen muchos mitos en los que las personas equivocadamente relacionamos la edad con la falta de memoria.
Los neurocientíficos han comprobado que la pérdida de memoria de corto plazo no se debe a la edad o a que las neuronas se mueran y no se regeneren, sino a la reducción del número de conexiones entre sí de las neuronas o dendritas (ramas de las neuronas que, a través de la sinapsis, reciben y procesan la información de otras células nerviosas).
Esto sucede por una sencilla razón: falta de uso. Así como se atrofia un músculo sin uso, las dendritas también se atrofian si no se conectan con frecuencia, y la habilidad del cerebro para meter nueva información se reduce. El ejercicio contribuye en gran medida a alertar la mente. Sin embargo, no hay nada como hacer que nuestro cerebro fabrique su propio alimento: Las neurotrofinas (moléculas que producen y secretan las células nerviosas, y actúan como alimento para mantenerse saludables tanto a ellas como a las sinapsis). Entre más activas estén las células del cerebro, más cantidad de neurotrofinas producen y esto genera más conexiones entre las distintas áreas del cerebro.
¿Qué podemos hacer? Lo que necesitamos es hacer PILATES con las neuronas: llevar una alimentación saludable, sorprenderlas, estirarlas, sacarlas de su rutina, presentarles novedades inesperadas y divertidas a través de las emociones, del olfato, la vista, el tacto, el gusto y el oído. ¿El resultado? El cerebro se vuelve más flexible, más ágil , y su capacidad de memoria aumenta.
La vida de la mayoría de nosotros se lleva a cabo dentro de una serie de rutinas. Las actividades rutinarias son inconscientes, hacen que el cerebro funcione en automático y requieren un mínimo de energía. Las experiencias pasan por las mismas carreteras neuronales ya formadas. No hay producción de neurotrofinas.
¿Por qué no abrimos la mente y probamos ejercicios sencillos que, amplíen nuestra memoria?:
o Intenta, por lo menos, una vez por semana ducharte con los ojos cerrados. Sólo con el tacto, intenta localizar el jabón, el shampoo o la crema de afeitar, cambiar la temperatura del agua, etc. Verás cómo tus manos notarán texturas que nunca habías percibido.
o Utiliza la mano no dominante. Come, escribe, abre latas, lávate los dientes, abre el cajón con la mano que más trabajo te cueste usar.
o Lee en voz alta. Se activan distintos circuitos que los que usas para leer en silencio.
o Cambia tu ruta de costumbre, toma diferentes caminos para ir al trabajo o a tu casa.
o Modifica tu rutina. Haz cosas diferentes. Usa las escaleras en lugar del ascensor.
o Mejora la ubicación de algunas cosas. Al saber dónde está todo, el cerebro ya construyó un mapa. Cambia, por ejemplo el lugar de las botellas en la heladera; verás la cantidad de veces que atinarás a buscarlas en el viejo lugar.
o Aprende una habilidad. Cualquier cosa; puede ser fotografía, cocina, yoga, estudia un nuevo idioma. Si te gusta, arma rompecabezas. Trata de leer tapándote un ojo, para que pierdas la percepción de la profundidad, por lo que el cerebro tendrá que confiar en otras vías.
o Identifica objetos como monedas. Ponlas a mano en tu auto y mientras estás parado en el semáforo, con los dedos trata de identificar la denominación de cada una.
Lic. En Kinesiología y Fisiatría, Sebastián A. Robledo
Centro de Reeducación Postural Dinámico "Cuerpo y Alma"
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