En los tiempos que corren la expresión hacer un click la utilizamos casi a diario.
Ha tomado una fuerza tan preponderante en el lenguaje cotidiano, que al escuchar esa expresión sabemos que no es solo el ruido vacio de una tecla de luz.
Tal es la magnitud que ha alcanzado su significado que podríamos análogarla al famoso Eureka de Arquímedes. Al pronunciarse, se sabe que es una puerta de entrada al conocimiento. A un simple click del mouse se nos abren infinidad de ventanas.
Para aquellas personas que padecen de alguna dificultad cognitiva, motora, un click puede ayudar a controlar un ambiente antes impensado.
Si bien se trata de algo más que de un interruptor, hay veces que ese click se puede confundir con la solución misma. Cuantas veces al darnos cuenta de aquello, que se nos estaba privado a nuestra conciencia, decimos que hicimos un click. Cuando esto es así estamos hablando de que un nuevo horizonte se nos presenta.
Nos llena de júbilo y la sensación de haber alcanzado un triunfo. Uno tiene la sensación de que puede relajarse y descansar.
Sin embargo ante este nuevo horizonte que se nos ofrece es solo el inicio, es la flecha que nos indica el camino.
Es sin duda un descubrimiento importante, aunque algunos ansiosos intentan saltar por encima obstáculos y encontrar soluciones rápidas. De esa forma se tratan de evitar los procesos lógicos.
Seria grandioso que con al solo ver se resuelva, pero no es tan sencillo, no funciona de esa forma.
Cuando intentamos apresuramos, intentamos desconocer, que la única posibilidad de alcanzar la meta tan esperada solo se va dando como resultado de una maduración interna. Cuando ese horizonte se nos presenta ante los ojos debemos realizar un trabajo sumamente intenso.
Es una tarea difícil porque hay que luchar de forma perseverante y coherente sabiendo que esa puerta que se abre, luego se cierra, nos hace pisar el palito y tenemos que volver sobre ello. Son idas y vueltas hasta afianzar, elaborar aquello descubierto tiempo atrás.
El click es fundante, y no debemos engañarnos que el primer escalón de la escalera no es haber llegado al segundo piso.
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