Si hay dos prácticas que el periodismo debe priorizar ellas son: el correcto uso del lenguaje y la capacidad de percepción o interpretación de los hechos. La última clase del taller estuvo orientada a tallar en los alumnos estos dos conceptos desde una mirada tangencial. La primera parte, a cargo de Ismael Garzón, fue dedicada al análisis del lunfardo; la segunda a repensar cómo observamos la realidad y estuvo a cargo de la Licenciada Mariela Oppici.
En el TEMM el eje de estudio este año, y por donde articulan la mayoría de las materias, es el período de la Argentina desde 1880 a 1916. El lenguaje de los argentinos, desde el castellano original impuesto por los conquistadores hasta lo que es hoy aceptado, fue adaptando esa raíz con la incorporación de nuevas palabras y formas de expresión, con una importante inflexión a la llegada de los inmigrantes: por el uso de una jerga tipo ensalada como el "cocoliche" y el nacimiento del lunfardo, que germina en los barrios bajos de la ciudad de Buenos Aires y luego se fue colando a todas las clases sociales. El adecuado uso del lenguaje implica conocer sus orígenes, las reglas que lo dominan, el significado de las palabras y saber también que el mismo está en permanente evolución. Evolución que se dio a fines del siglo XIX con el lunfardo, que hoy posee unas 6.000 palabras.
La Licenciada Oppici en un participativo y entretenido encuentro desarrolló desde la mirada del coaching ontológico (disciplina que aporta una manera de interpretar al ser humano y considera al lenguaje como herramienta de creación más que de descripción) los conceptos básicos que pueden posibilitar, a estudiantes de periodismo, reflexionar para ejercitar una mirada flexible: ni rígida ni estancada en una atalaya.
Lenguaje y mirada son dos columnas donde se asienta el sistema de principios del periodismo, o sea su credibilidad: buscar la verdad, minimizar los daños, actuar con independencia y ser responsable. Tironeado por el requerimiento militante o por la "tilinguería" y criticado por la cáscara, el periodismo debe recuperar su núcleo, ya que desde ese carozo le da coherencia a su existencia contra los que pretenden anestesiar o hipnotizar a la sociedad.



