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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 09/oct/2011 de La Auténtica Defensa.

Cara o Ceca:
Las apariencias engañan
Por Lic. Patricia Katz




Muchas veces nos quejamos de nuestros padecimientos, muchas veces no sabemos que hacer, otras pedimos ayuda. A veces la sorpresa es muy grande, por qué quien nos ayuda nos sigue haciendo sufrir y no nos deja seguir quejándonos y además y nos obliga a hacer cosas que no nos gustan; que nos molestan mucho y que no comprendemos los porque. Es necesario que transcurra un lapso para descubrir en el mejor de los casos las causas más profundas de ese modo de actuar.

Por eso en esta historia tradicional sufi, recogida por Jean Claude Carrière, en El círculo de los mentirosos creo encontrar un ejemplo acabado de de este modo de actuar y como suele suceder el cuento nos transmite decires que valen más que mil palabras:

"Un caballero vio una serpiente venenosa justo en el momento en que se introducía en la boca de un hombre dormido. ¿Qué hacer?

Si dejaba dormir al hombre, tarde o temprano la serpiente le mordería, lo mataría.

Entonces azotó al hombre con todas sus fuerzas. Lo despertó violentamente con un golpe de látigo y lo llevó hasta un lugar donde había un montón de manzanas podridas: amenazándolo con su espada, lo obligó a comer unas cuantas. Y después sin prestar la más mínima atención a sus gritos, le hizo beber una gran cantidad de agua salobre.

-Pero ¿Qué te he hecho, para que me trates de esa forma?

Tras varias horas de sufrimiento, insultos y lágrimas, el hombre cayó al suelo. Vomitó las manzanas, el agua y la serpiente. Al ver al animal comprendió lo que había hecho el hombre. . Le pidió perdón por haberlo insultado y le dio las gracias.

-¿Por qué me has salvado?

-Porque el conocimiento es la madre de la responsabilidad.

-¿Qué quieres decir?

El caballero permaneció en silencio. Ayudó al hombre a ponerse de pie y a limpiar sus ropas.

-Si me hubiese prevenido de la presencia de esa serpiente en mi estómago, habría aceptado de buena gana tu tratamiento

- No lo creo.

-¿Por qué?

-Si te hubiese prevenido, no me habrías creído. O el miedo te habría paralizado. O habrías salido corriendo. O te habrías vuelto a dormir, intentando olvidar.

Y el misterioso caballero saltó encima de su caballo y se alejó velozmente"

¿Cuántas veces nos ocurren situaciones de este tipo? Solo que en lugar de víboras nos hemos tragado "uno que otro sapo" y recurrimos a otro, tal vez un analista a que nos ayude a comprender lo que nos hace sufrir y nos impacta la crudeza de su reacción y realmente nos hace falta tiempo para procesar y comprender que la respuesta rápida que nos incomoda y nos sacude, busca realmente evitar que nos perdamos en el camino…


 
P U B L I C I D A D






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