El Proyecto de Presupuesto 2012 que envió el Poder Ejecutivo Nacional al Congreso incluye $39000 millones de subsidios a empresas privadas y $28000 millones de subsidios a empresas públicas. Para tener un marco de referencia, lo que el Gobierno Nacional prevé para la Asignación Universal por Hijo asciende a $12000 millones. Puesto en forma simple: la Asignación por Hijo es 6 veces menor que los subsidios del gobierno a las empresas. A pesar de que el proyecto de Presupuesto fue enviado al Congreso hace tan sólo dos meses, en Setiembre pasado, esta semana se conoció que el Gobierno pretende empezar a eliminar gradualmente los subsidios a las empresas. Sin entrar al tema de fondo (es decir si tiene sentido o no subsidiar a las empresas en lugar de a los consumidores) lo destacado de la noticia es que implica una reacción a la situación económica internacional y a la propia desaceleración de la economía local.
Partiendo de una situación donde los subsidios estuvieron durante muchos años, uno se puede preguntar porqué no se los comenzó a eliminar cuando la economía internacional y local estaban en un período de auge y con perspectiva optimista. Una buena gestión debe procurar adelantarse a los hechos, para el bienestar de la población. Realizar los cambios en contextos negativos siempre será más costoso.
El dato de fondo es que (a pesar de los esfuerzos en contrario) Argentina no esta aislada de la economía mundial.
Algo similar ocurre con los controles cambiarios. En lo que va del año se estima que fugaron del país 22000 millones de dólares (con la crisis del campo en 2008 se fugaron 23100 millones de dólares). Probablemente el Gobierno no haya querido actuar antes de las elecciones. Sin embargo, la forma poco profesional de manejar la situación (enviando la Gendarmería a la calle, etc.) no hace más que generar alarma en la población que recibió esta medida como algo inesperado.
Los argentinos hemos aprendido que el dinero es la sangre de nuestra economía. Cuando hay dinero, estamos bien y nuestros indicadores andan perfectos. Cuando el dinero escasea, si no tenemos "reservas" para hacer frente a las contingencias, nuestra salud se complica. Como señala Enrique Szewach "una economía no puede crecer a tasas chinas con baja inversión, baja productividad y bajo ahorro". A corto plazo, se fuerza la máquina y parece que vivimos una bonanza extraordinaria. A largo plazo, es insostenible. Por eso la prudencia (que hay que tenerla siempre cuando se gestiona lo ajeno, como los recursos del pueblo), hay que extremarla en los períodos de auge, porque la tentación de creer que la situación durará para siempre será el enemigo de nuestras mejores intenciones.
Como puede un gobierno local anticiparse a un contexto de desaceleración? Para que los distintos servicios que administra el municipio no sean afectados es importante aplicar la regla de oro: cuidar los fondos del Estado como si fueran propios.



