Buenos Aires, (Especial para NA por Luis A. Gramuglia)- Los presidentes de Argentina y Brasil han ratificado la plena voluntad de ambos países de fortalecer el MERCOSUR incluso a partir de una eventual incorporación de los países que integran el Pacto Andino y México.
El punto quedó explícitamente señalado por ambos mandatarios durante la visita que realiza aquí el presidente Lula da Silva.
Es bueno que el proceso de integración en ese ámbito se acentúe frente a la embestida de Washington para promover el ALCA, ese espacio que debería incluir a todo el continente americano desde Alaska hasta Tierra del Fuego.
Obviamente, para los planes del gobierno estadounidense un fortalecimiento del MERCOSUR no resulta funcional a su propuesta.
El ALCA ha de progresar si las negociaciones se realizan a partir de encuentros bilaterales. Allí es donde la presión de la administración Bush puede ser ejercida sin tantos remilgos.
En cambio, una negociación que deba enfrentar a un bloque como el MERCOSUR en donde están la Argentina y Brasil -además de Paraguay y Uruguay-puede resultar menos sencilla, mucho más engorrosa.
La creación del ALCA no es bien vista por quienes afirman que se trata de una iniciativa hegemónica de EE.UU. Con el propósito, entre otros, de abrir mercados a la producción de ese país sin contrapartidas que beneficien al resto de las naciones, esto es en términos de una reducción sustancial de los subsidios que Washington da a sus agricultores.
Los EE.UU. Además, aplican cupos y otro tipo de barreras paraarancelarias que conspiran contra las buenas prácticas comerciales y que producen, ciertamente, severos perjuicios a los productores latinoamericanos.
EE.UU., Entonces, pretende negociar el ALCA desde una posición de fuerza que resulta inadmisible para los países de Centro y Sud América.
Recientemente, en Cancún, en la reunión de la Organización Mundial de Comercio, el tema de los subsidios fue claramente planteado por las naciones del G-22 como una cuestión que debe ser debatida como paso previo a cualquier otra que se pretenda instalar.
Con estos niveles de subsidios agrícolas difícilmente el comercio mundial pueda ser asumido como transparente y equitativo.
Este tipo de "beneficios" conspira contra los precios agrícolas que obtienen las producciones en aquellos países que no los aplican y vulnera los principios más elementales del intercambio comercial.
Vaya un ejemplo. México todavía discute las supuestas ventajas de su integración en el NAFTA con Canadá y EE.UU. Hay datos que señalan que su inserción en ese bloque ha traído dificultades que hoy pesan en su economía.
Por todo esto, resulta auspicioso que los presidentes de la Argentina y Brasil refuerzen aquel concepto según el cual "la unión hace la fuerza".
La integración de estas dos naciones y los esfuerzos que realicen para sumar a otros países de América del Sur en la conformación de un gran espacio económico, social y político representa una tarea que debe ser llevada a cabo sin ningún tipo de renunciamiento.



