Hacia fines de la decada del 70 y hasta 1990, vimos y disfrutamos de un gran jugador de Fubol. De andar lento con su número cinco en la espalda, caminaba el medio campo como un Lord Ingles.
De pegada justa, pase al pie, de salida clara, tranco largo y visión de juego superlativa, Claudio Marangoni era imagen de un jugador distinto, que se hacia notar por su despliegue seguro, claro y organizador. Se rodeo en Independiente de grandes jugadores, como Buruchaga, Giusti y Bochini, para culminar su carrera en un Boca ganador.
Pero más allá de sus virtudes como persona, a la que tuve el gusto de frecuentar seguido, y su enorme talento como jugador de fútbol, a Claudio Marangoni se lo considera como el iniciador de las Escuelas de Futbol en Argentina
Uno de sus amigos se le acerco un día para decirle que sus hijos no tenían cabida en ningún club. A falta de potreros y calle para aprender decidió alquilar un predio de YPF para dar cátedras de fútbol. Siendo todavía un jugador destacado, ganador de la Copa Libertadores con Independiente, lo que empezó como iniciativa contó en poco tiempo con más de 150 chicos.
La empresa creció sustentando su base rodeada de profesores de Educación física. Determinó los objetivos operacionales y específicos para cada edad. Creó un gabinete psicológico y organizó un espacio de formación para docentes acerca de cómo recibir y tratar a un niño. Para estas tareas, recibió el asesoramiento de su esposa, psicoanalista de niños. Asimismo, notó que no sólo funcionaba como escuela de fútbol, sino también como un espacio para atender diferentes necesidades de los niños, como ser la ansiedad, los problemas físicos, los inconvenientes de relación y de socialización. Inclusive la Escuela tiene en sus filas chicos de ambos sexos
Hoy hay escuelas de fútbol a cada paso, varios responsables son solamente recibidores y depósitos de chicos, sin base docente, sin estructura de apoyo psicológico de integración y socialización del niño y en varios casos he visto que los niños juegan y son mas hábiles que el instructor. Así también algunos padres llevan a sus hijos "para que corran un rato", otros para poder dormir la siesta, o para ver la tele tranquilos o simplemente "para que no joda tanto en casa". La falta de comunicación padre instructor es tan importante como grave es su falta.
Siempre me pareció que aprender a jugar a la pelota en si es callejero, de aire libre aun en la lluvia, de canchas de tierra y poco pasto, de barro y charco, con remera o "en cuero" con una sola pelota, con arcos de troncos de árboles, líneas de la cancha
en la imaginación, siendo mis amigos los docentes de turno y yo mismo mi propio instructor a prueba-error y donde se aprende por la enorme cantidad de juego compartido.
Hoy, a falta de potreros están las escuelas de fútbol, con horarios estipulados y un instructor que puede ser un profesor de Educación física, o un ex jugador o un padre que mira fútbol seguido por la tele. Pero más allá de esto considero la falta de estructura, de base contenedora, de acompañamiento, seguimiento y comunicación como un pendiente a agregar y suplantar en parte, "el tiza y pizarrón" del potrero
Por último, Marangoni definió la clave de su éxito en dosificar las explicaciones; descubrir los talentos, soportar el éxito ajeno, vivir la vida propia, compartir con otros talentos y aprender de ellos, elogiar y reconocer cuando sea necesario. Para que no sea meramente un deposito de chicos
HASTA LA PROXIMA
NESTOR OSCAR BUERI
Observador y coordinador de grupos
Psicólogo social
Charlas y conferencias
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