Lo esencial es invisible a los ojos nos decía El principito de Saint Exupéry.
Y ¿qué es lo esencial?
Es aquello que permanece cuando todo lo accesorio se ha quitado. Es lo que no cambia.
Esta pregunta ha acompañado a la humanidad desde siempre. Los filósofos se han ocupado y mucho.
Años atrás los árabes se preguntaban lo siguiente, en el círculo de los mentirosos de Jean Claude Carrière:
¿Cuánto cuesta llegar al conocimiento?
¿Cuál es el precio que hay que pagar?
¿A qué estamos dispuestos?
No se si podemos responderlo. Pero por lo menos este cuento nos cuestionará y podría propiciarnos preguntas.
"Un emperador mandó a llamar a un hombre que era considerado uno de los más sabios de la comarca y le pidió que escribiera una obra que contuviera los conocimientos esenciales
El erudito se puso a trabajar y doce años más tarde le ofreció al monarca una colección de volúmenes.
- Es demasiado largo- dijo el emperador- escribe los conocimientos esenciales en un solo volumen.
El hombre obedeció y regresó al cabo de cuatro o cinco años con un solo ejemplar
- Sigue siendo demasiado largo- Dijo el emperador- Soy un hombre muy ocupado con todos los problemas del imperio. Escribe en unas páginas lo que te parezca esencial y tráemelas.
El sabio volvió al trabajo. En dos o tres años consiguió la quintaesencia de sus conocimientos en unas páginas. Nuevamente el emperador le pidió un último esfuerzo: una sola página.
Varios años de trabajo fueron necesarios para que el hombre consiguiera resumir sus conocimientos en una página.
- Sigue siendo demasiado largo- le dijo el emperador- Te propongo una cosa: no escribas nada más. Pon lo esencial de lo que sabes en una palabra y ven a decírmela. Te recompensaré.
El hombre se retiró a una árida meseta y pensó y pensó. Al final, cuando hubo encontrado la palabra que abarcaba todos los pensamientos, pidió audiencia al emperador, que era para entonces un anciano.
-¿La haz encontrado?
-Si majestad, la he encontrado.
-Acércate. Dímela en voz baja. Deprisa.
El sabio se acercó, se inclinó hacia el emperador y le murmuró una sola palabra. El emperador fue el único en oírlo y exclamó:
-¡Pero eso ya lo sabía!"
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